domingo, 26 de febrero de 2017

Poema Alfrediano: Parte XXXIV

(Mientras Alfredo y Grugnig
avanzaban, dos cucarachas centinela
les han interceptado para una inspección).

<<PERO...¡SI NO HE HECHO NADA!>>
Dijo la cucaracha, por esta situación asustada.

<<NO IMPORTA, ESTO ES UN CHEQUEO ALEATORIO,
SE REALIZA ENTRE CUCARACHAS AL AZAR
PARA DETECTAR ENFERMEDADES QUE SE PUEDAN CONTAGIAR,
Y LLEVAR A QUIENES LAS TENGAN EN CUARENTENA A UN SANATORIO.>>

De espaldas contra la pared a Grugnig pusieron.
Y entonces la inspección de cacheo hicieron.

Alfredo y la cucaracha sentían pánico.
En breves le encontrarían,
y les esperaría un castigo satánico.

Patas, ojos y antenas palparon.
CASI todo su cuerpo comprobaron.

No miraron bajo su caparazón.
Ambos respiraron aliviados;
se habían librado de su perdición.

Se disponía Grugnig a irse,
cuando, ante las palabras de una centinela,
tuvo que detenerse:

<<¡AÚN NO HEMOS COMPROBADO
QUE EN LAS ALAS NO ESTÉS AFECTADO!>>

Ahora sí que el pavor consumió a cucaracha y pedo.
Estaban paralizados por el miedo.

Y ahora ya todo había acabado.
Se hundía aquello
que Grugnig había planeado.

Cada centinela una ala del elitro agarró,
y con tres de sus patas sujetó.

Pero Alfredo, dentro escondido,
decidió no darse por vencido:

<<Todo está a punto de acabar.
¿Qué pierdo por algo probar?>>

En ese momento de las alas delanteras, hacia arriba tiraron
y Alfredo se pegó a estas con todas las fuerzas
que a pesar del miedo le llegaron.

Por encima de sus cabezas las levantaron,
y Alfredo al estar pegado a estas,
tuvo suerte porque no le detectaron.

Sobre ellas tenían el elitro alzado.
Como si de unas trampillas en la espalda de Grugnig
se hubiesen tratado.

Alfredo desde ahí arriba les miraba,
rígido, sintiendo como la angustia,
tan despiadada, por dentro le asfixiaba.

Por suerte, su vista no alzaron
y por los pelos no le pillaron.

Grugnig no entendía lo que pasaba,
¿Por qué no vieron a la ventosidad,
que estaba en su espalda atrapada?

¿Había desaparecido?
¿A dónde había ido?

Las centinelas su pensamiento interrupieron,
pues otro comentario profirieron:

<<TUS ALAS TIENEN UN OLOR MUY EXTRAÑO,
¡COMO SI NO TE HUBIESES LAVADO
EN MESES, O QUIEN SABE SI EN TODO UN AÑO!

<<NO QUEREMOS PROBLEMAS, TE DEJAREMOS PASAR.
PERO TAMBIÉN EN TU ESPALDA TE DEBES LIMPIAR.

<<LAS ENFERMEDADES POR SUCIEDAD,
SON INCREÍBLEMENTE CONTAGIOSAS;
UN PEQUEÑO BROTE PUEDE ACABAR CON MEDIA SOCIEDAD.

<<SI TE VOLVEMOS A ATRAPAR,
EN UN ESTADO TAN SUCIO,
TE DEBEREMOS ENCERRAR>>

Grugnig masculló: <<TENDRÉ MÁS CUIDADO...
Y ME APLICARÉ UN INTENSIVO... ASEADO.>>

Con una reverencia se despidieron.
Cuando del pasillo desaparecieron,

Grugnig clamó, preocupado:
<<¿GRAN PEDO?¿COMO TE HAS ESCAPADO?

<<¿SIGUES AHÍ ATRÁS?>>
Y Alfredo le contestó:
<<¡No aguantaba ni un minuto más!>>

Tras el alivio reparador,
volvieron a su misión,
ahora con menos temor:

<<LO QUE MÁS TEMÍA
ES QUE PASASE ALGO ASÍ.
NO CONTABA CON QUE ESTO PASARÍA.

<<EN TODO CASO, ESTAS INSPECCIONES,
SON MUY INSÓLITAS.
NO NOS VOLVEREMOS A ENCONTRAR CON OTRA DE ESTAS SITUACIONES...>>

<<Perfecto entonces. Y como iba diciendo...
¿Cómo acabaré de aquí escapando?>>

<<AQUÍ LLEGA LA PARTE QUE NO TE GUSTARÁ...
VERÁS, HACE POCO ME PREGUNTÉ:
DENTRO DE LA OQUEDAD DE LA ESTATUA... ¿QUE HABRÁ?

<<ESCUCHÉ ENTONCES UNA VOZ, UN SONIDO LEJANO.
PARECÍA VENIR DEL INTERIOR
DE ESE MONUMENTAL MONUMENTO PAGANO.

<<RECORDANDO LA DIRECCIÓN DE LA RESONANCIA,
Y CALCULANDO MENTALMENTE LA DISTANCIA,

<<CAÍ EN LA CUENTA
DEL ORIGEN
DE AQUELLA VOZ CRUENTA.

<<LA CAVIDAD ALCANZA SU FINAL...
COMUNICADA CON LA SALA REAL>>

Alfredo recordó aquel lugar.
A la gigantesca cucaracha que le recibió,
y como el resto le impidieron escapar.

<<La sala de la que acabas de hablar...
¿Es por la que tuve que entrar?>>

<<ME TEMO QUE... EN EFECTO.
Y ES EL ÚNICO ESCAPE DIRECTO.

<<SI TE QUIERES LARGAR,
POR AHÍ DEBERÁS PASAR.

<<CON LA CUCARACHA REY TE CRUZARÁS.
DEBES EVITAR QUE TE VEA,
O CERRARÁ LA SALIDA, Y AQUÍ TE QUEDARÁS.
SIENTO NO PODER AYUDARTE MÁS...>>

<<No importa, me las intentaré arreglar.
No me dejaré fácilmente atrapar.>>

Continuó un tramo callado.
Mientras avanzaban por el pasillo mal iluminado.
Finalmente, escuchó a Grugnig decir:
<<GRAN PEDO... HEMOS LLEGADO.
TU MISIÓN DEBES CUMPLIR.

<<ASÓMATE SIN TEMOR.
EN ESTOS MOMENTOS,
AQUÍ NO HAY NI CUCARACHAS NI MOVIMIENTOS.
ESTÁN OCUPADAS TRABAJANDO EN GALERÍAS DE INTERIOR.>>

Alfredo de su escondrijo salió.
Quedó fascinado con lo que vió.

Era una habitación
de gran extensión.

Quizás grande como el comedor.
Había nula decoración,
solo antorchas y candelabros en derredor.

Pero lo más impresionante,
era la estatua del centro,
una cucaracha rojiza gigante.

Se trataba de una construcción,
que aunque algo tosca, era de notable tamaño.
Siete metros de largo y otros tantos de ancho era su dimensión.
<<SOLO SABEMOS, QUE DE ALGUNA FORMA APARECIÓ AQUÍ ANTAÑO.>>

Su piedra parecía decorada,
pues por alguna extraña razón
de rojo había quedado pigmentada.

<<SINCERAMENTE, NO CREO QUE SEA DE ORIGEN NATURAL,
NI MUCHO MENOS, COMO SE ASEGURA, CELESTIAL.

<<PERO ESO NO IMPORTA AHORA, EN REALIDAD.
MÉTETE DENTRO, ANTES DE QUE ALGUNA LLEGUE.>>
Alfredo vio en los ojos de la estatua aquella oquedad.

Se metió dentro obediente a la voz,
raudo y veloz.

<<BUENO... NUESTRO VIAJE ACABA AQUÍ.>>
<<¿Estarás bien, Grugnig?
<<SÍ, NO DEBES PREOCUPARTE POR MÍ.

<<ESTARÉ BIEN, PERO AHORA DEBO MARCHAR.
PRONTO VENDRÁN LAS OTRAS.
RECUERDA DE LO QUE DEBES HABLAR.
¡NO NOS FALLES!
¡NADA TE CALLES!
DE TI DEPENDE EL FUTURO DE TODAS NOSOTRAS.>>

Escuchó unos pasos alejarse.
Cuando supo que por el pasillo
ya había vuelto a irse,

Sintió como nunca la soledad
ante tamaña adversidad.

Todo dependía ahora de su actuación.
Mientras improvisaba en su mente un guión,

Oyó un nuevo y pesado caminar.
Decenas de patas se escuchaban
al suelo pisar.
Miro por un orificio, y vió como se acercaban.
Las primeras cucarachas, a rezar a su dios acababan de llegar.

A medida que llegaban,
por hileras se situaban.

Era remarcable su organización.
No habían asientos de ningún tipo,
pero ello no impedía su perfecta distribución.

En filas de siete a cada lado se ponían.
No había empujones ni choques.
Con su gran organización se repartían.

Además, se movían muy rápidamente.
Como si quisieran adorar a su dios cuanto antes,
y salir pronto de aquella sala deprimente,
huyendo de la severidad,
de aquella divinidad,
tan respetada por su fuerza omnipotente.

Pocos minutos más adelante,
se habían agrupado ya casi todas,
con fugacidad acuciante.

Cuando la última se situó,
la sala abarcaba incontables,
centenares, el pedo estimó.

Entonces, apareciendo desde el final,
salió una cucaracha con aire espectral.

Caminaba hacia la deidad,
con parsimonia y solemnidad,

Probablemente era una chamana,
que dirigía la sepulcral celebración
de aquella figura pagana.

Al llegar a la escultura,
se giró, con poca prisa y soltura.

A todas las cucarachas de un barrido visual contempló.
Entonces, para iniciar su arenga se preparó.

Alfredo, aunque intimidado,
no se bloqueó por la presión:
<<Mi momento ha llegado.
Hora de acabar con esta situación.>>

Con una voz de exagerada gravedad,
justo cuando la chamana iba a comenzar,
inició Alfredo desde la estatua el discurso de la verdad:

(¡Fin de la parte XXXIV! Parece que
la situación de las cucarachas llegará
pronto a su fin. Todas estas correrías acaban
en este discurso. ¿le saldrá bien? ¿O la diñará
y tendrá ante él a todas las cucarachas de nuevo?
En la parte XXXV lo sabremos, amigos. Adieu.)

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