miércoles, 28 de diciembre de 2016

Poema Alfrediano: Parte XXV

(Alfredo ha sido encerrado tras negar su ayuda
a las cucarachas en una sala inexpugnable.
Según ha sido informado, será condenado
a yacer allí eternamente).

El tiempo volvía a ser confuso.
Horas y días se mezclaban
a ritmo delirante y difuso.

Alfredo muy bien sabía
lo que pronto pasaría.

En poco tiempo las cucarachas ya estarían en el exterior.
Y el quedaría ahí atrapado, impotente,
mientras destruían a aquella especie que tanto admiraba del mundo superior.

Aquellas criaturas demoníacas
heredarían por su culpa este bello mundo,
extenderían la muerte y el odio, esas maníacas...

Lo único que hacía era lamentarse.
A veces sufría arrebatos, y durante horas
solo podía desgañitarse.

Estaba tan perdido,
que cualquier compañía
bien le hubiese venido.

Solo al pensar esto último se acordó.
¡No estaba solo en este mundo!
¡Había alguien que por el siempre veló!

<<Enigine... ¿Estás a mi lado?>>
<<¿A caso crees que te he olvidado?>>

Oír de nuevo su suave voz le dio una gran relajación
No necesito girarse, sabía que estaba detrás suyo
aquel zorro misterioso, ¡su única salvación!

<<Yo siempre por ti he velado.
Casi todo el tiempo te estaba vigilando.

<<Te acompañé en tu camino por el pasillo,
mientras contemplabas los relieves,
y los macabros sueños de esos seres
para dominar este patético mundillo...>>

<<¡Suerte, Enigine, que todo lo has observado!
Ahora, salgamos de aquí rápido,
le daré a esas cucarachas su merecido,
su castigo será peor que cualquiera que hayan imaginado.>>

<<¿Salgamos? ¿Me incluyes a mí en este enredo?
Yo estoy donde me apetezca, Alfredo.

<<Tú eres el único que está atrapado.
Deberías verte. Tan cargado de miedo,
de desesperanza... tan asustado...>>

<<¿A dónde quieres llegar?>>
<<No me juzgues por ello, Alfredo,
pero tan solo una lección te quiero dar.

<<Debes saber ser más independiente,
y vas a aprenderlo ahora mismo,
aunque sea tan bruscamente.

<<¿No dijiste que no ayudarías a esa especie,
ni a ningún sujeto que de esta se precie?>>

Alfredo tuvo que admitir:
<<Si, eso es lo que quería decir...>>

<<Dices, y créeme que estás en lo cierto,
que un espécimen que dependa de otro,
acabará en el futuro muerto.

<<Que si una especie depende de otra,
acabará volviéndose inútil,
no sobrevivirá ni de potra...

<<Lo que has dicho, repito,
yo mismo lo corroboro y admito.

<<Y tu, Alfredo... me preocupas.
Lo diré... ¿vulgarmente?
No te puedo ir curando tus pupas.

<<Si te saco las castañas del fuego,
si te atiendo en cada ruego...

<<Es imposible que salgas adelante,
para creerlo habría que ser un tunante.

<<No te estoy haciendo ningún mal.
De hecho, deberías agradecer
que te diese esta valiosa lección moral.>>

<<¡Pero morirán miles de inocentes!>>
<<Miles... Sobre mi consciencia
pesan infinitas más muertes.

<<Esta no sería la vez primera
que dejó pasar a la muerte, certera.

<<Si actuase como tu quieres,
en unos siglos morirían millones
de tus queridísimos seres.

<<Ahora aprenderás la lección.
Toda consecuencia viene dada de una acción.>>

<<¿Esta es tu venganza por no obedecer?
¿Me haces esto por seguir queriendo dejar de ser un pedo,
y no acatar tu parecer?>>

<<Alfredo, me sorprende tan infantil comentario.
Como he dicho, nunca alteraría directamente
en ningún universo ni el aspecto más secundario...

<<O por lo menos no lo haría en este,
mi pequeño saco de peste.

<<Admito que es inusual
que te hayas encontrado en esta situación,
después de discutir conmigo sobre tu condición,
pero como he dicho, es algo anormal.

<<Te admiro, y por ello intentaré ser fuerte,
ignorando cada grito, cada súplica.
e incluso cada deseo de muerte.

<<Porque sí, hasta alguien como tú, tan puro
tiene a veces pensamientos impregnados del odio más duro.

<<Te daré una pista.
Cuando aceptes tus emociones,
a este lugar pútrido perderás de vista
sin más dilaciones.

<<Ojalá en mi tanta confianza no hubieras depositado.
En tí mismo deberías haber confiado
y ahora no te sentirías tan miserable y traicionado.

<<En fin, te he de abandonar,
que creo que más discursitos
no te van a entrar.>>e le acababa de dejar...

No se sentía enfadado.
Ni siquiera decepcionado.
Simplemente, destrozado.

Si que era cierto de que no valoras las cosas,
hasta que las pierdes de tus manos,
cuando desaparecen dejando trazas dolorosas.

Sintió esto de aquel zorro,
que sus ruegos
se había pasado por el forro.

No podía dejar de comerse la cabeza,
con la muerte de los humanos.
Este hecho le atormentaría con dureza,

hasta alcanzar la locura definitivamente.
Sí, esa afección que tantas veces había rozado,
que tantas veces como vino pudo haber rechazado,
llegaría al final, y se instalaría en su cabeza totalmente.

Se sentía como aquellas criaturas,
encerrado en un lugar tétrico,
abandonado de un modo nada ético,
y deseando salir de allí aunque fuese a rastras...

Nada había ganado,
y en cuanto a Enigine,
quien creía un amigo había perdido.

Al igual que en aquel extraño universo, solo sentía resignación,
pero ahora no había ningún zorro interdimensional para ayudarle,
y eso solo significaba su inevitable perdición.

(Que deprimente la vida de Alfredo ahora mismo.
¿En serio este es su destino? ¿Acabar sus días
tirado ahí, cual basura? No se vosotros, pero a mi no me gustan
nada estos finales, amigos. Si alguien realmente me leyese,
y no hablase ahora mismo solo y creyese que es el final
del poema, le dejaría decepcionado, Pero la realidad es que nadie
me lee, y por lo tanto acabar así no molestaría a... nadie.
La realidad es que me importa de poco a nada quien me lea o no,
de hecho hay que estar loco para seguir esta epopeya,
y aún más para seguir escribiéndola, intentando enderezar la
historia. Por ello, la parte XXVI saldrá próximamente).

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