lunes, 26 de diciembre de 2016

Poema Alfrediano: Parte XXII

(Alfredo ha rechazado abandonar
su búsqueda para ser humano. Tras
despedirse de Enigine, vuelve al
lugar del que desapareció: la
estepa).

Alfredo estuvo quieto hasta el amanecer,
mientras intentaba despejar
toda aquella información que acababa de absorber.

Cuando el alba ya había aparecido,
mentalmente estaba rendido.

<<No puedo darle a todo aquello más vueltas de tuerca,
o acabaré enloqueciendo totalmente,
de tanto insistir y de forma tan terca.>>

Por ello, Alfredo decidió que si de todo quería olvidarse,
para compensar, de lo que estaba haciendo se debía de acordar.

<<¡Es cierto! Estaba avanzando
y este nuevo mundo explorando

<<para así calmar mi mente
y poder ser libre de forma permanente.>>

Mientras se movía
no pudo evitar pensar en Enigine,
y su mente un dilema le servía;

<<¿Realmente deseo ser uno de ellos?
¿Quiero perder mi libertad,
y mi gran movilidad
cuando prefiero aprovecharla que estar junto a ellos?

<<Cada vez sé menos lo que deseo,
y en perseverancia ya flojeo...

<<Lo único que puedo hacer
es viajar hasta que esa decisión
pueda definitivamente escoger.

<<Mientras tanto
habrá que ir tirando...>>.

En su camino los días y las noches de nuevo aparecían.
Los extraños animales también de nuevo se oían.

Casi al instante volvió a acostumbrarse,
aunque de nuevo ver el paso de las jornadas
le hacía gratamente alegrarse.

Fue poco después cuando ese paraje
volvió a sufrir un cambio sustancial
que de nuevo alteró el transcurso del viaje.

Vislumbró a lo lejos un pequeño montículo.
Aunque de tamaño ridículo,

su existencia no había previsto,
ya que era la primera elevación
que allí había visto.

Se acercó hasta la elevación
con curiosidad y tentación.

La hierba alrededor del hoyo estaba podrida.
Un amasijo de rastrojos descompuestos yacían
sobre tierra lánguida y ennegrecida.

Prestó entonces a aquella elevación
su merecida atención.

Su altura de apenas un metro era lo menos importante
pues vio que en su pequeño apogeo,
había un agujero de profundidad gigante.

El agujero tenía tal oscuridad que era imposible ver el fondo de este,
contrastando con el paisaje de la estepa, envuelto en aquel cielo de color celeste.

Descubrir aquella puerta a otra nueva zona
le llenó de emoción,
y su corazón latía como una forzada bombona.

<<Me pregunto que habrá aquí dentro...
¡intentaré llegar hasta su centro!>>

Alfredo se introdujo así en su interior,
despidiéndose una vez más
de la estepa del mundo superior.

Por dentro, un estrecho túnel vertical
descendía hasta una profundidad abisal.

La luz apenas conseguía filtrarse,
y por ello las paredes de tierra
apenas podían vislumbrarse.

Conforme Alfredo bajaba,
cada vez menos luz llegaba.

Finalmente, todo quedó completamente a oscuras,
y el exterior tan solo se contemplaba como un punto de luz,
visible ahora a penas duras.

Cuando debido a la profundidad,
se hizo imposible ver cualquier claridad,

Alfredo comenzó a preocuparse
sobre cuanto aquel túnel podría extenderse.

El tiempo volvía a ser ahora incierto,
y el ambiente estaba completamente muerto.

Tras estar así un período indefinido,
escuchó entonces unos ruidos,
que a el habían llegado.

Eran sin duda sonidos raros,
definibles como toscos y raros,
pronunciados sin reparos.

Mientras Alfredo siguió descendiendo,
estos en nitidez e intensidad siguieron creciendo.

Se componían de bruscos gruñidos,
así como algunas pisadas,
aderezadas de misteriosos crujidos.

En medio de estas audiciones siniestras,
fue cuando Alfredo salió de esas tinieblas funestas.

Una luz parecida a una lumbre,
comenzó a dibujarse en lo más hondo del agujero,
causando a Alfredo incertidumbre.

Al acercarse, los sonidos aumentaban,
así como los detalles de aquella luz
que sus ojos ahora ya analizaban.

Se trataba de una antorcha, que se situaba
allí donde el foso ya terminaba.

Las paredes reflejadas,
ya no eran de tierra,
si no de piedras muy bien tallada.

Descubrió entonces que en el fondo del todo,
aquel túnel no acababa, si no que ahora se volvía horizontal,
formando una galería cuya estructura era de roca del color del lodo.

Se adentró así en esta continuación,
ansioso de saber donde y en qué acababa
aquella misteriosa excavación.

Realmente se trataba de una galería muy trabajada.
Tenía un par de zancadas de ancho y unos dos metros de alto.
Acababa en una bóveda de cañón,
construida con más de aquella piedra marrón,
que al igual que en las paredes estaba bastante bien tallada.

Había una sucesión de más antorchas en ambos muros,
revelando un inacabable pasillo de claroscuros.

Tras las primeras tres teas,
en las dos paredes encontró una inscripción,
''Historia de las criaturas subterráneas''.

A partir de entonces,
las paredes comenzaron a mostrar relieves.

Al principio, en ambos se veían
imágenes terroríficas,
que un buen rato se repetían.

A la izquierda y a la derecha,
se presentaban criaturas deformes y gigantescas,
talladas como una especie poderosa aunque contrahecha,
y de las que solo se veían siluetas.

Se representadas como criaturas rechonchas,
que aparecían moviéndose tanto de pie como postradas,
y de las cuales se percibían un triple par de patas.

De su cabeza salían dos pequeñas puntas, y
no parecían tener cuello, si no que cabeza y cuerpo estaban juntas.

A medida que avanzaba,
en cada parte la historia se diferenciaba.

En la línea zurda,
se representaba una degeneración
de esa raza oscura y burda.

Cada vez decrecían más en tamaño
que sus predecesores de antaño.

Las pequeñas puntas de su cabeza
se convertían en finas antenas,
mientras que perdían por momentos su grandeza.

Finalmente, quedaban convertidos
en ridículos insectos enpequeñecidos.

Unos pocos relieves más adelante,
aparecían unas figuras
que a Alfredo le recordaban a una especie por su semblante.

Criaturas delgadas
de dos brazos y piernas
y bastante esbeltas.

De puños y piernas deformes,
aparecían aplastando a miles a aquellos seres.

<<¡Son humanos!>>
Exclamó sobre aquellos titanes tiranos.

Tras unos relieves más de muerte y destrucción,
una flecha apuntando hacia arriba marcaba su finalización.

<<¿Qué significarán estas imágenes?>>
Se preguntaba Alfredo entonces.

El resto de aquella barrera
estaba vacía, y sobre su piedra marrón
tan solo se posaba algo de polvera.

Volvió sobre sus pasos,
para contemplar la zona derecha
desde sus trazados más vagos.

Las criaturas de aquí también sufrían un mal destino,
aunque de ambos, era el más interesante camino.

También se volvían débiles,
y sus esfuerzos por no caer en la misma degeneración
eran en todo caso, fútiles.

Sus antenas se iban alargando ligeramente.
Su posición cada vez era más marcadamente erguida,
y sus dos pares de patas delanteras se atrofiaban lentamente.

Relieves después, las siluetas humanoides aparecían.
Se originaba una guerra entonces una pelea entre ambas facciones,
y durante un largo trecho en esta contienda se exponían.

Finalmente, aquellas bestias gradualmente desaparecían,
y solo las figuras humanoides prevalecían.

Los grabados se tornaban desde entonces incoherentes y confusos.
Al poco, comenzaban a representar algo parecido a llamas por toda la pared,
así como figuras muriendo calcinadas entre incendios difusos.

Las llamas desaparecían más adelante,
dejando casi ningún superviviente.

A continuación, varios metros con cuerpos calcinados,
y unos pocos entes asustados.

Entonces, una especie de masa extraña
se posaba sobre ellos,
acechándoles como una hostil araña.
A Alfredo le recordaba a una especie de nube extraña.

Entonces, las monstruosidades volvían a hacer su aparición,
atacando a los pocos supervivientes y sembrando la muerte y destrucción.

La extraña nube parecía ayudarles,
y de hecho a los que huían conseguía
rápidamente capturarles.

La fúnebre historia acababa
cuando el contraataque triunfaba.

Se exponía un relieve más en el pasadizo.
En este, las bestias devoraban a los supervivientes,
sosteniendo entre sus patas y boca sus extremidades,
y descuartizando a todos de un modo vicioso y enfermizo.

La misteriosa nubecilla yacía sobre ellos.
Parecía satisfecha de verles comerlos.

Mientras asimilaba este relato truculento,
se dió cuenta de que el pasillo había acabado,
llegando al final a pesar de su avance lento.

Los extraños gruñidos habían dejado de oírse.
Ni el más mínimo ruido podía ahora percibirse.

Descubrió Alfredo una diminuta rejilla,
casi ocultada por una vieja losilla.

Se encontraba él justo encima
y decidió atravesar la susodicha
a pesar de que aquel sitio le daba grima.

Cuando definitivamente la cruzó,
en otra sala oscura se encontró.

Una voz monstruosa,
proveniente de una criatura
aberrante y horrorosa,
rompió el silencio de aquella tesitura.

<<¡RÁPIDO HERMANOS!
¡TAPAD LA TRAMPILLA, VAMOS!>>

La escasa luz que aún se filtraba desde una antorcha exterior,
desapareció súbitamente de allí, siendo imposible verla desde el interior.

(Guao... ¿Qué tensión, no? ¿No? Bueno, supongo
que al final ya os acabáis acostumbrando a estos
giros tan... ¿inesperados? en la trama. Bueno,
debo pedir disculpas por haber hecho versos taaaan
largos, en vez de currarme más rimas... ¡En fin,
hago lo que puedo! La mitad de esta parte ha sido escrita
en Navidad, si sirve de excusa. la próxima parte
incluye (Por milésima vez) un nuevo acontecimiento
que cambia toda la aventura, y (posiblemente) más
rimas y menos largo de línea. ¡Hasta la parte XXIII, amigos!)


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