viernes, 23 de diciembre de 2016

Poema Alfrediano: Parte XXI

(Anteriormente, Enigine le habla
a Alfredo sobre los universos y realidades.
Además, le intenta convencer sobre seguir
siendo un pedo).

Aunque lo emocional le dictase,
que en un ser humano
quería transformarse,

su pensamiento racional,
le mostraba un hecho real,

y es que ser una ventosidad,
le daba muchísima más versatilidad.

Los argumentos de Enigine,
eran ciertos y sólidos,
y le dejaban la cabeza como una vorágine.

Pero Alfredo no estaba interesado en la funcionalidad.
Estaba dispuesto a perder la mayor parte de su movilidad,
quedando, como los humanos, sujeto al suelo y a la gravedad

a no traspasar nunca más muros,
y quedar indefenso ante seres obscuros.

También estaba dispuesto a renuncia a su inmortalidad
con tal de integrarse así a la humanidad.

Al tomar esta última decisión,
se acordó de cuando en aquel
páramo de fuego sufrió una condensación:

Solo entonces se dió cuenta de que esto era ilógico.
¿Cómo un gas, a gran temperatura,
puede licuarse de un modo tan trágico?

¿No se supone que esto ocurre al contrario,
cuando es el frío el que se cruza en tu itinerario?

Preguntó a Enigine al respecto,
que le contestó circunspecto:

<<Como he dicho, tu universo es uno de los más perfectos,
pero eso no quita que entre sus variables espacio temporales,
se produzcan pequeñas excepciones y defectos.

<<Debe de ser un error en las propiedades universales,
que provocó esas reacciones anormales.

<<Ten en cuenta que no eres un pedo normal.
Tu existencia contradice leyes biológicas y físicas,
no resulta extraño, que puedan actuar sobre ti de forma inusual.

<<En todos los universos con variables definidas
hay fallos, aunque serán menores
cuanto mejor estén trazadas>>

<<Eso explicaría esa afección,
pero acabo de recordar otra cuestión,>>

<<¿por qué dices que soy inmortal?
Me acuerdo de que al derretirme,
todo se volvió negro y creí ver el final.

<<Hasta ser revivido,
nada a mi alrededor hube percibido.>>

<<Alfredo, ni siquiera llegaste a morir,
y nadie te tuvo que revivir.

<<Cuando quedaste convertido en líquido,
se puso sobre tus ojos un manto negro e insípido.

<<Dejaste de ser capaz de ver,
y lo que había a tu alrededor no podías saber.

<<Tampoco podías oir nada.
En suma tu percepción del todo
estaba anulada.

<<Simplemente tu cuerpo de metano
no está adaptado al estado líquido,
y tus sentidos intentaban funcionar en vano.

<<Eras capaz de pensar con lucidez,
y por eso pensabas que habías muerto de una vez.

<<Sin embargo, tu sistema sensorial
no funcionaba para nada,
y quedaste inválido temiéndote que era tu final.

<<Aquel que se sobre ti se acercó,
simplemente sobre tu cuerpo,
una pócima vertió,

<<la cual reaccionó con tus fluidos,
y en breves estos de nuevo pudiste sentir,
creyéndolos revividos.

Alfredo había escuchado atentamente
todas estas respuestas,
y le pareció que había contestado correctamente.

Como ese hombre tal pócima conocía,
era lo único que le chirriaba,
pero pensó que no lo preguntaría,

pues la respuesta solo le daría lugar a más cuestiones,
y aunque Enigine le parecía bastante interesante,
ansiaba irse del lugar sin más dilaciones.

Reflexionó un minuto más,
aunque ya tenía clara la respuesta
dentro de su cerebro de gas:

<<Enigine, he tomado una decisión,
y creo que el destino no me da otra opción.

<<Seguiré intentando conseguir mi objetivo.
Tan solo quiero ser aceptado entre los humanos.
Sé que me dirás que estoy como un chivo.

<<Sé que me dirás
que merezco algo más.

<<Que yo no soy de nadie,
que pertenezco a la intemperie.

<<Pero la verdad...
prefiero ignorar esa realidad.

<<Es cierto que ser feliz viene dado por la ignorancia,
y por eso, quiero fingir que no hay nada más allá de mi universo,
en vez de vagar como un espíritu lleno de vitalidad y arrogancia.>>

Enigine, o mejor dicho su cabeza,
apuntó hacia Alfredo, sin volverse
o siquiera minimamente moverse.
No tenía rasgos, pero se percibía una expresión de dureza.

Cuando Alfredo acabó,
su voz de nuevo se percibió:

<<Como he dicho antes,
no voy a impedirte que cumplas tus sueños,
aunque me parezcan delirantes.

<<Debo tu humilde meta respetar,
y que algún día la cumplas desear>>.

Se quiso callar un momento,
durante el cual solo se escuchaba el vacío
entre las montañas de cemento.

Cuando retomó la conversación,
su voz parecía ligeramente más seria,
como si desease ahora máxima atención.

<<Pero eso no importa ahora mismo.
Debo decirte para que te he traido
a este deprimente abismo>>.

Alfredo también esa pregunta había ya olvidado,
por todo lo que Enigine le había contado.

<<Hace poco sufriste un enfado monumental.
¿Recuerdas? Tenías el cuerpo enrojecido,
gritabas como un bárbaro enloquecido,
y explotaste de un modo cuanto menos brutal.

<<Más allá de desintegrar a esos seres deficientes,
las consecuencias de tu arranque de ira
fueron inmensamente más hirientes.

<<Alfredo... cuando sufriste el enfado,
¿no sentías como si todo a tu alrededor
se moviese en un brusco estertor?
¿como si todo a temblar hubiese comenzado?>>

Rememoró Alfredo su furia explosiva.
Y fue entonces cuando volvió a recordar
esa sensación antes de la explosión masiva.

Como toda la ''materia'', de la más cercana a la más alejada
estuviese literalmente rasgándose en mil pedazos,
como si toda de un momento a otro fuese a acabar pulverizada.

<<A esa sensación me refería>>,
Enigine estaba claro
que su mente con facilidad leía,

<<Cada vez que te enfadas,
ondas de energía inestable
en todos los universos son liberadas.

<<Por lo que pude comprobar cuando la furia te embargó,
las ondas tuvieron consecuencias negativas,
y su energía el espacio-tiempo de tu universo dañó.

<<Sin embargo, no te debes desesperar,
pues el impacto, de momento,
no ha sido suficiente como para que lo puedas notar.

<<Son el resto de universos imperfectos,
los que se han llevado los daños más abyectos,

<<¡Algunos han llegado a desaparecer!
Es un hecho que ni yo mismo podía creer,

<<pero de repente he dejado de notar su esencia,
y me he vuelto incapaz de transportarme a su presencia.

<<No eres del todo culpable,
pues no eras consciente de ello,
y tampoco ha sido una perdida inaguantable.

<<Solo te debía advertir,
de que ahora que ya lo sabes
no se debe volver a repetir>>.

<<¿Y por qué aquí me has traído?>>
dijo Alfredo, ya que tal detalle
no había aún comprendido.

<<Ves que este universo está desolado.
No tiene apenas estructura espacial
y carece totalmente de un atisbo temporal.
Es el último páramo en el que te gustaría haber terminado.

<<Pues bien, ahora imagina estar en este lugar,
pero sin este monocromo suelo,
y también sin el lechoso cielo.
E imagina para siempre allí estar>>.

La experiencia era realmente desagradable.
Recordaba a Alfredo cuando quedó inutilizado
al derretirse de modo desagradable,

pero todavía mucho peor,
pues para siempre así permanecer,
le llenaba de profundo horror.

<<En eso se transformarán todas las realidades,
si te sigues enfadando y causando así inestabilidades.

<<Hasta este lugar traerte,
y durante largo tiempo dejarte,

<<ha sido una forma de enseñarte,
un mínimo de lo que podría pasarte.

<<Acabar en absolutamente ningún lugar perdido.
De todo, incluso de tu propio ser acabar desprendido>>.

Alfredo estaba totalmente petrificado.
Nunca pensó que su estado emocional
pudiese causar semejante mal,
como para su hogar entero haber borrado.

Inmediatamente Enigine volvió a su tono afable,
y le dijo con una voz menos seca y más amable:

<<Bien, bien, ha sido una fantástica charla,
me ha gustado mucho poder contarte todo,
algún día habrá que reanudarla.

<<Te llevaré al instante
en el que desapareciste
de aquella estepa gigante.>>

La niebla superior comenzó a descender,
y en los ojos de Alfredo se acabó por poner.
Gritó este: <<¿¡Cuándo nos volveremos a ver?!>>

Creyó de forma tenue en su cabeza escuchar:
<<pronto... muy pronto...
y durante más tiempo podremos hablar...>>

El suelo y las montañas,
así como la silueta de Enigine,
se desdibujaron, cada vez más extrañas.

Cuando aquel manto de neblina
ocultó totalmente todo su alrededor,
se manifestó de nuevo esa voz, ahora mucho más fina:

<<Hasta pronto Alfredo,
no todos los días puedes
hablar con un pedo...

<<Ahora me retiro para descansar,
pues de una dimensión a otra moverte,
mi energía ha conseguido drenar...>>

Alfredo sintió como una ráfaga de viento
atravesaba en todas direcciones su cuerpo.
Era agradable, como un aromático aliento.

Y entonces el manto blanco se empezó a desvanecer.
Bajo el una negrura grande comenzaba a dejarse ver.

Comenzó a escuchar ruidos familiares,
que tan solo podían provenir de animales.

También veía ante sus ojos
las estrellas de las constelaciones
que iluminaban aquella tierra de hierbas y rastrojos.

Había vuelto a la inmensa planicie,
y en la noche en la que abandonó su superficie.

(Y aquí cierra la parte XXI. Aunque quizás el hecho
de poner unos parentesis así a bote pronto ya daba pistas
de ello. En fin, Alfredo, mucho más sabio que antes
se encuentra en el lugar del que se fue, A saber que
aventura le esperará en la siguiente parte. Cuando se
me ocurra, os informo de ello en la parte XXII)

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