sábado, 17 de diciembre de 2016

Poema Alfrediano: Parte XIX

(Anteriormente, Alfredo ha comenzado
a vagar por aquella zona triste y gris,
en la que no existe el tiempo ni, como
se teme tanto, el espacio físico. Se
encuentra en un extraño lugar en el
que la realidad es completamente distinta).

Mientras vagaba entre aquellas tierras,
sentíase Alfredo con cada vez menos determinación.
Intentaba desesperadamente viajar con obstinación,
huyendo de esas grisáceas tienieblas,

pero también intentando escapar de algo mayor:
su creciente y asfixiante pavor.

Cuanto más se movía,
cuanto más huía,

y mientras más distancia de por medio ponía,
aquel miedo a no escapar de allí jamás
con mayor fiereza le acometía.

Aunque evitaba pensar que por más que viajaba,
la distancia ya no era una barrera real,
y moviéndose nada solucionaba,

sabía que estaba en un terreno diferente.
La lógica de sus pensamientos no tenía sentido,
y su corazón le decía que si la seguía estaba perdido,
en ese mundo de tristeza y penumbra permanente.

Aunque en su mente el tiempo pasaba,
en esta realidad parece que esto no funcionaba.

Pensó: <<A lo mejor tan solo estoy soñando,
y nada de esto está pasando.>>

Recordó Alfredo que en tiempos remotos,
cuando inició su travesía para ser humano
y antes de que casi todos los humanos quedasen calcinados,

escuchó rumores sobre una experiencia onírica,
conocida por su particularidad,
en la que la ensoñación es mucho más realística.

Este estado se puede conseguir con condiciones concretas
pero también escuchó que hay raros casos,
en los que vienen de formas aleatorias.

Estamos hablando del lúcido sueño,
en el que quien lo sufre,
es consciente de todo, y de este es dueño.

Aquel que se encuentra bajo este misterioso efecto,
sabe que en ese momento está soñando,
y puede despertar en el momento electo.

Pero aquello no era ninguna ensoñación,
y por más que lo intentó,
Alfredo no consiguió salir de esa dimensión.

Siguió un gran trecho moviéndose,
mientras intentaba acabar despertándose.

Tras intentarlo infinitas veces,
cruzarse con estrechas montañas a miles,

recorrer un mundo que jamás acababa,
y abandonar la esperanza que le quedaba,

acabó en el infranqueable suelo tumbado:
sus aspiraciones a escapar se habían evaporado.

Con una inmensa pena y apatía,
maldijo esta tierra de roca desnuda
así como aquel nefasto día,

en el que apareció en este sitio deprimente,
el primer escenario que pudo con su paciencia,
el primero en el que se rindió, casi demente,

sin encontrar una vía de huida
o siquiera un indicio de salida.

Y así, triste y postrado,
se quedó en aquella superfície.
Sintió que su vida había acabado.

Comenzó entonces a divagar
pensando en que haría ahora
en esta prisión de la que no iba a escapar-

Comenzó a rememorar su experiencia:
sus viajes y aventuras
la furia tras la muerte del hombre de ciencia...

recordó por este último suceso
lo cerca que estuvo de ser de carne y hueso.

Pero ahora ello era inalcanzable
y si quiera imaginarlo, impensable.

Sabía que pronto ocurriría
aquello que tanto temía:

la locura llegaría pronto,
su mente se desvanecería
dejándole idiota y tonto
¡en un fantasma se convertiría!

¿O acaso no era ya un ente espectral?
Estaba condenado a vagar por el limbo,
algo peor que cualquier tormento infernal.

Nada tenía ahora sentido,
y solo podía sentirse hundido.

En estos pensamientos obscuros
estuvo ensimismado
mientras sus gases seguían ahí tumbados.

Y continuó así, reflexionando,
quedándose progresivamente agotado,
y mentalmente sentía que su cabeza acabaría reventando.

<<¿Por qué no dejas de lado tus preocupaciones?>>
(Una voz le sacó de sus cavilaciones)

Bruscamente, Alfredo se levantó;
y fue entonces cuando le vió.

(Qué épico me está quedando, ¿no?
Creo que no conozco a nadie que haya leído
hasta aquí el poema entero. Francamente no
creo que exista un ser semejante. No os culpo.
Dudo que de hecho alguien lea esto... de todos
modos, tu ahora mismo lo estás haciendo, ya es
algo... próximamente más, ¡en la parte XX!
Aprovecho para decir que el universo Alfredo ha
superado los 2000 versos. Eso son muchos versos,
¿no?)





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