jueves, 29 de diciembre de 2016

Poema Alfrediano: Parte XXVII

(Mientras Enigine reflexiona
sobre el futuro de los universos,
Alfredo sufre un ataque de ira,
arremetiendo contra las cucarachas).

Alfredo ya no recordaba.
Ya nada sentía,
tan solo odiaba.

Tanta sensación negativa
no cabía en su cuerpo,
lo agrandaba como una onda expansiva.

Sentía que no podía aguantar.
Su cabeza iba a colapsar,
pues su cuerpo, emociones tan negativas,
que le dejaban ansias corrosivas,
necesitava urgentemente purgar.

No era consciente de sus actos,
y solo supo posteriormente
lo que sucedió en términos exactos.

A medida que le latía frenético su gaseoso corazón,
crecía, incrementaba alentado por la tensión.

Mientras tanto, las cucarachas le seguían provocando,
inconscientes ellas de lo que estaba pasando.

De su figura aún más se reían,
girando a su alrededor,
con mofa a su lado se cruzaban.

Alfredo ya era ahora el triple de grande:
<<MIRAD, COMO UN GLOBO SE EXPANDE.>>

<<¿LE PINCHAMOS A VER SI REVIENTA?>>
Decían mientras él seguía alimentando su rencor,
con una determinación violenta.

Aquella acumulación de odio no pasó desapercibida,
cruzó fronteras que las leyes físicas y naturales
supuestamente le tenían prohibida.

Llegó hasta el más recóndito universo,
aquella purga de odio abyecto,
que en un brutal desquite deseaba ser converso.

Cierto ente de pleno lo percibió.
Aunque ya tenía asumido que llegaría este momento,
dicho ente se desesperó.

Y así, Enigine de nuevo se había teletransportado,
y estaba escondido tras unas rocas de la galería ahora,
contemplando este espectáculo que desearía no haber presenciado.

Su tamaño ahora era cinco veces mayor,
que cualquiera de esos seres,
y no daba signos de detener su ardor.

El zorro estaba escondido,
y notaba impotente como cada universo
iba a estar mucho más cerca de ser destruido.

Cuando Alfredo alcanzó su máximo tamaño,
diez veces mayor que antaño,

fue entonces cuando se preparó.
Aquel día nadie de allí nunca olvidó.

Alfredo, ahora convertido en una gigantesca masa,
y tan candente como una brasa,

dejó definitivamente de crecer.
El tiempo se detuvo.
Las cucarachas ignoraban que iba a hacer.

Enigine lo sabía y no podía parar de temer,
por lo que iba a suceder.

Y entonces, con la fuerza de mil bombas
estalló haciendo más ruido que una montaña de trombas.

Fue una explosión cegadora,
de la que cada galería
fue receptora.

Las paredes temblaron,
brechas se formaron.

<<El principio del fin a comenzado.>>
Se dijo Enigine apesadumbrado.

Un gas rojizo
cegó a todos,
hasta al bicho más enfermizo.

Y entonces, se generó la onda expansiva.
La oleada de gas metano más corrosiva,
resquebrajó las paredes como cal viva.

Se formaron grietas irreversibles.
Los muros parecían insostenibles.

Pero nada se derrumbó.
Entonces el gas se disipó.

Las cucarachas se prepararon para lo peor.
Pero respecto a lo que tenían en mente, les había ido mucho mejor.

Ni siquiera el odio más ciego,
ni el ardor, que quemaba como el fuego,

lograron hacerles mermar.
Ni una baja hubo que lamentar.

Se acercó otro purulento ser
a donde la explosión había sucedido,
y como el humo no se había disipado,
habló a Alfredo dirigiendo la mirada a un cráter,

que se había formado,
debido a la fuerza
con la que había explosionado.

<<PARECE QUE NO APRENDISTE LA LECCIÓN.
INTENTAR DERROTARNOS CON TU PESTE,
TE LLEVARÁ A LA PERDICIÓN.

<<PUDISTE HABER APROVECHADO,
Y CON LA CONFUSIÓN INTENTAR HABER ESCAPADO.

<<PERO AHORA HAS PERDIDO TU OPORTUNIDAD.
NOS ASEGURAREMOS DE QUE NO SALGAS DE AQUÍ.
TE PUDRIRÁS EL RESTO DE LA ETERNIDAD.

Solo cuando se disipó del todo el metano,
la cucaracha se dió cuenta
de que había estado hablando en vano.

En el fondo del cráter, Alfredo yacía.
Del cansancio por tal estallido,
ni siquiera se movía.

Estaba completamente dormido,
inconsciente de lo que momentos atrás había sido.

Mientras tanto, Enigine estaba de nuevo lejos.
Había ido a otra dimensión,
cuyas delimitaciones eran cristalinas como espejos.

A su alrededor no podía ver más que caos y destrucción.
La dimensión en sí tenía el mismo aspecto de siempre.
Estaba igual de estable, pero el podía oler la perdición.

Era consciente de que a su alrededor,
los cimientos fundamentales de los universos,
tan solo iban a peor.

<<Si vuelve a sufrir un estallido de furia tal,
los universos comenzarán a degenerar,
y desaparecerán en una estela de destrucción sin igual.

<<Tengo que evitar que sufra otro choque como este.
Debí en aquella prisión haberle ayudado,
jamás tales consecuencias me habría imaginado...
Como no actue pronto, puedo decir adiós a este bello universo celeste.

<<Y pensar que en aquel momento...
le abandoné con tan estúpido argumento...

<<Que tan solo algo de tiempo quería ganar...
y ahora se me está a punto de acabar...

<<¡Pero basta ya de fútiles lamentaciones!
Tengo que actuar pronto, sin más dilaciones.

<<Solo espero que para siempre no me odie,
sería fatal que no me haga caso y me desprecie.

<<Fatal para el, para sus estúpidos humanos,
tan toscos y mundanos,

<<Y también para un servidor...
sin universos, no tendré a donde ir,
y moriré en el vacío... que horror...

<<Todo debe suceder
tal y como planeé
desde que a el le dió por aparecer...

<<Si al menos supiera de donde proviene,
ese producto de falta de higiene...

<<Podría entonces intentar
con al ayuda de su creador
este embrollo arreglar.

<<No hay duda de que en todo caso ya ha expirado.
De lo contrario, su influencia en el universo aún ahora,
se podría haber notado...>>

Y así, se quedó Enigine cavilando,
sobre cosas que más adelante
intentaría a Alfredo acabar explicando.

Lo que no sabía Enigine en esos instantes,
es lo que sentía por Alfredo el pedo.
Emociones en todo caso incipientes,

pero que en un futuro,
probablemente le causasen un apuro.

(El estallido de furia de Alfredo no ha servido de nada...
que pena, hasta yo esperaba que sirviera de algo.
Pero no significa que todo acabe (otra vez) aquí.
Si a caso, falta la parte XXVIII, que tampoco tiene
por qué ser la última. Ahora mismo el poema tiene
más de 3100 versos. Es más largo que Beowulf,
y seguramente mucho más absurdo. En fin,
calidad vs cantidad, aunque para mi mala suerte,
suele ganar lo primero. Solo me queda decir
''hasta pronto, amigos''. P.D.:Un apunte, se que os parecerá
rara la actitud de Enigine. Tranquilos, más adelante
se explicará todo. No preguntéis más, se supone que
no tendría ni que haber escrito esto...).


miércoles, 28 de diciembre de 2016

Poema Alfrediano: Parte XXVI

(Alfredo ha pedido ayuda a Enigine,
quien se la ha rechazado asegurando
que solo lo hace por su bien, dejándolo
a su suerte).

Ahora, Enigine se encontraba de allí muy distante.
Entre las nubes etéreas de la desolada dimensión
estaba plácido y dormitante.

Hasta poco atrás había vagado
por aquel imperfecto universo,
pero ya del todo se había agotado.

Entre las claras nieblas
se sentía relajado,
podía pasar horas entre las tinieblas.

Tras años de intento fallido,
tiempo atrás una gran proeza
había conseguido.

Era capaz de retener la consciencia
mientras estaba en el mundo de los sueños,
y así reflexionar sobre su vivencia.

Usaba esta habilidad para meditar,
y tras la última ráfaga de ira de Alfredo,
también para en él pensar.

También podía seguir percibiendo
el estado cualquier tejido dimensional
que no hubiese acabado desapareciendo.

En esos momentos de nuevo exploraba
como la estructura universal se hallaba.

Todo ello mientras hablaba para si mismo:
<<Los daños no son especialmente severos...
pero uno o dos enfados, y desaparecerán universos enteros,
precipitándose hacia el abismo...>>

Solo él era capaz de notar
que cada una de las dimensiones,
corría un peligro imposible de igualar.

Si supiese con certeza que Alfredo iba a colaborar...
...pero a penas había hablado con él,
no estaba seguro de si su advertencia iba a olvidar.

y lo peor de todo, solo el sabía,
que si esto quería impedir,
Tarde o temprano, tendría que decidir,
¡Cuando con Alfredo acabaría!

Pues era este una amenaza de gran gravedad,
y aunque el no quería manchar sus patas,
algo le decía que pronto debería apartar su piedad,

y acabar irremediablemente con Alfredo,
antes de que este fuese el que destruyese los universos,
cosa que llenaba su alma de puro miedo.

 Mientras tanto, nuestro amigo seguía encarcelado.
Recientemente otra cucaracha a su lado pasó,
y con animo de dejarle moralmente minado,
unas viles palabras provocativas le lanzó:

<<HOLA GRAN PEDO, A LO MEJOR ESTO TE INTERESA:
EN CUESTIÓN DE DÍAS SALDREMOS A LA SUPERFICIE.
MIENTRAS MATEMOS HUMANOS, TE MANDAREMOS UNA REMESA.>>

Ahora ya había abandonado la felicidad.
En breves perdería a la humanidad.

Solo le quedaba la melancolía...
o eso era lo que pensaba,
hasta darse cuenta de que un dolor interior sentía.

Ya había notado esa sensación.
Recordó prometerse que no la volvería a sentir.
Recordó su desesperación.

La primera vez que la sintió...
entonces, lo recordó.

Fue en la base de ese científico,
que murió justo antes de darle un remedio,
que aseguraba que era eficaz y verídico.

Sintió por aquel entonces una presión inaguantable.
Era la furia, aderezada de la frustración más insostenible,
un poder que desatado se volvía inimaginable.

Maldijo entonces con todas sus fuerzas a las cucarachas y a Enigine.
Maldijo e insultó con más insultos de los que cualquiera imagine.

Su corazón de odio se volvió a teñir,
pues un nuevo ataque de ira
se preparaba este para sufrir.

Comenzó de furia a temblar,
sintió de nuevo que iba a explosionar.

Y entonces se volvió de nuevo rojizo.
Su alma tenía ahora un talante enfermizo.

Enigine no se encontraba allí en ese momento,
si no que seguía reposando por algún lugar perdido,
de entre todas las dimensiones del firmamento.

Aún así, pudo sentir en lo más hondo de su ser,
un desgarrador grito de furia,
que le perforó como a un globo un alfiler.

Sintió como a su alrededor
la realidad se desgarraba
e iba de mal en peor.

<<¿¡Qué he hecho?!
Porque eso le tuve que haber dicho...

<<Debí encubrirle una vez más,
aunque las consecuencias
fuesen peores en el futuro, pero ahora no hay marcha atrás...

<<Cada inestabilidad en su comportamiento,
en el deterioro de la realidad
irá en detrimento...

<<Y lo peor es que si a estas alturas se entera de la gravedad,
y de lo que debe hacer para salvar a su amantísima humanidad,

<<Sufrirá tal sobrecarga emocional,
que entonces si será nuestro final...>>

Volviendo de nuevo a la mazmorra-cucaracha
la sed de sangre era inabarcable.
Hubiese deseado poder coger un hacha,

y cortar a cada una la cabeza
con gran energía y entereza.

Seguía encarcelado,
pero eso pronto
habría acabado.

Embistió la pared con toda su fuerza.
Trozos de cucaracha fosilizada
salieron volando, ligeros como hojas de berza.

Se retiró un poco,
y cargó de nuevo como un loco.

Cada vez que arremetía,
caparazones, patas y cabezas
desprendía.

Aquella macabra estructura
no era tan dura,

cuando quedaba enfrentada
a una furia descontrolada.

Desde la parte del muro exterior,
decenas de cucarachas asustadas
aguardaban saber lo que sucedía en el interior.

Mucho no tuvieron que esperar,
pues unos segundos más tarde,
la pared que le retenía se acabó por derrumbar.

Una polvareda de gran extensión,
unida a trozos de cucaracha resecos
de gran miscelanea y extensión,

volaron en mil direcciones,
dando directo contra
las demás aberraciones.

De ella salió el furibundo Alfredo a toda velocidad.
Solo pensaba en sufrimiento, dolor, atrocidad.

Se abalanzó sobre las aberraciones que le miraban,
y se restregó de lleno para ver si se gaseaban.

Estaba deseando ver como se desintegraban,
como aquellos animales deformes
sus cuerpos se volatilizaban.

Pero aún en su furia extremada,
quedó su mente loca
totalmente desbordada.

No solo no morían,
ni sufrían ningún efecto adverso,
de un Alfredo bárbaro y perverso,
si no que cruelmente se reían.

<<¡ERES PATÉTICO!>>
<<¡JAMÁS NOS MATARÁS,
DA IGUAL QUE ESTÉS COLÉRICO!>>

Por más que les rodeaba,
el metano apestoso
no les afectaba.

Las cucarachas eran totalmente inmunes,
y continuaban sus burlas y abucheos impunes.

Lejos de mitigarlo,
estos comentarios
aún más hicieron enfadarlo.

Ya no era capaz de pensar.
La ira le dominaba,
y ahora iba a manejarlo en su lugar.

Sintió entonces esa conocida sensación,
que Enigine le había recordado
para su impresión.

Como a un nivel atómico, la realidad
comenzaba vibrar a su alrededor,
como los átomos se movían
y parecíase que se rompían
ante su irracional impiedad.

Pero esta vez la sensación fue mayor,
mucho más magnificada
cuando llegó a todo su esplendor.

Notaba como si todo se rasgase,
como si su alrededor se transformase en un vacío,
pero ahora mismo no parecía que le importase.

No conocía la cautela,
su enfado era ahora
lo único que le tenía en vela.
¿Sería para el universo su última hora?

Fue entonces cuando se comenzó a hinchar.
Y Enigine, ya despierto, solo pudo pensar:
<<¿Podrán las dimensiones otro choque así soportar?>>

Pronto lo iba a averiguar.
Ya era tarde para detener a Alfredo.
Tan solo podía desear,
que aquel enloquecido pedo,

no acabase con todo lo que rodeara,
cuando en unos instantes
todo su poderío finalmente exploraba.

(El odio, esa emoción tan despreciable,
pero que todos necesitamos, aunque sea un minimo.
Es algo propio del ser humano, y también del Alfrediano.
Por una parte, puede ser necesaria su existencia,
por otra puede ser devastador, y sembrar mucha
muerte y destrucción por todas partes. No sé por qué,
algo me dice que en el caso de Alfredo está más cerca de suceder
lo segundo... intuiciones probablemente. El hecho
de ser el autor no influye para nada, claro. En la
parte XXVII sabremos si tenía razón sobre lo que voy a escribir...)


Poema Alfrediano: Parte XXV

(Alfredo ha sido encerrado tras negar su ayuda
a las cucarachas en una sala inexpugnable.
Según ha sido informado, será condenado
a yacer allí eternamente).

El tiempo volvía a ser confuso.
Horas y días se mezclaban
a ritmo delirante y difuso.

Alfredo muy bien sabía
la verdad amarga,
lo que pronto pasaría.

En poco tiempo las cucarachas ya estarían en el exterior.
Y el quedaría ahí atrapado, impotente,
mientras destruían todo lo que amaba en el mundo superior.

Aquellas criaturas demoníacas
heredarían por su culpa este bello planeta
extenderían la muerte y el odio, esas maníacas...

Lo único que hacía era lamentarse.
A veces sufría arrebatos, y durante horas
solo podía desgañitarse.

Incluso cada caparazón desecado,
de los que estructuraban las paredes,
ya había casi memorizado.

Estaba tan perdido,
que cualquier compañía
bien le hubiese venido.

Solo al pensar esto último se acordó.
¡No estaba solo en este mundo!
¡Había alguien que por el siempre veló!

<<Enigine... ¿Estás a mi lado?>>
Dijo con voz desesperada y temblorosa,
al zorro de rostro enmascarado.

Esperó unos instantes,
pero para su contrariedad,
no recibía respuesta en la adversidad.
Sus ruegos se volvieron acuciantes:

<<¡Enigine, tú que siempre por mi has velado!
¡Me han capturado monstruos horribles,
necesito por ti ser ayudado!

<<Si no escapo de este patético lugar,
saldrán a la superficie de la tierra,
y a toda la humanidad irán a masacrar...
¡Incluso han hablado de mi mente trastornar!

<<No ignores mi petición,
¡eres la única esperanza
de que se produzca mi salvación!>>

Pero su voz quedó allí ahogada,
por Enigine jamás su súplica
fue siquiera escuchada.

Y es que Alfredo no había caído,
en lo que Enigine le dijo
justo antes de haberse ido:

<<Ahora me retiro para descansar,
pues de una dimensión a otra moverte,
mi energía ha conseguido drenar...>>

Estas eran su palabra textual,
antes de quedarse de nuevo solo
en la dimensión abisal.

¿Como iba a recordarlo Alfredo,
que por las cucarachas estaba apresado,
y poseído por la impotencia y el miedo?

Tras horas habiendo rogado,
la esperanza, lo último que se pierde,
ya había abandonado.

Desde su punto de vista, Enigine no quería
ayudarle. Le traía sin cuidado su situación,
y que quedase ahí confinado mucho no le importaría.

El aura de misterioso y respetable
de Enigine, había cambiado a la de
un ser egoísta y miserable.

De un modo tan rápido y errado
juzgaba Alfredo cuando se
hallaba por las circunstancias bloqueado.

¡Ay, si Enigine le hubiese escuchado!
A la velocidad del trueno habría acudido
tras en segundos haber despertado,
para evitar una furiosa reacción,
que podría haberle llevado
a la total eliminación.

Ahora el yacía en pleno sueño reparador,
situado en un universo exterior,
descansaba con placidez,

pues ahora estaba convencido,
de que al haber sobre el enfado advertido,
no sucedería otra vez.

No llegaba a él ningún sonido,
pues no solo estaba en una dimensión diferente,
si no que además, obviamente
no podía escuchar estando dormido.

Soñaba el zorro anciano,
con las millones de cosas
había observado de antemano.

Incontables millones de años de su vivencia,
vagando por universos y vulgares,
le daban una armoniosa y onírica experiencia.

Su tranquilidad era el polo opuesto
de Alfredo, cada vez por las
circunstancias más traspuesto.

Alimentado por la frustración,
con un sentimiento de culpa
y negándose a aceptar su perdición,

el pedo solo y sin amigos se sintió.
<<¿Quién me queda en este mundo?>>
apático nuestro protagonista pensó.

<<Los humanos pronto morirán,
Enigine me ha ignorado
y las cucarachas nunca me perdonarán.

<<Quizá lo mejor que podría haber hecho,
es unirme a ellas y matar a los humanos,
¿realmente no estaban en su derecho?>>

Inmediatamente se horrorizó
de sus palabras, y de estas
veloz se retractó.

¿Como podía tal aberración pensar,
después de que por ellos
tanto hubiese querido sacrificar?

Casi enloqueció de forma irremediable,
viajó cientos de años para su planeta restaurar,
y por sus vidas frente a las cucarachas apoyar,
las últimas le habían capturado de modo miserable.

¿Y tras todo ello, y por fin obtener su confianza,
¿se planteaba vilmente traicionarlos?
Puede que hubiese perdido la esperanza,

pero sus principios no había abandonado.
Así siguieron sus dilemas durante horas.
Un par de veces más a Enigine había llamado.

No hubo ninguna novedad.
Y mientras, sin darse cuenta,
comenzó a crecer en él la impiedad.

La frustración, de forma inconsciente,
se transformaba en un aura irritable,
inestable, mucho más potente.

En su alma y los recovecos de esta,
estaba comenzando a surgir,
la peor emoción que podía sufrir,
aquella que se adueñaba de su testa,

aquella que en una amenaza le transformaba,
y que todo a su alrededor
y mucho más allá, en grave peligro situaba.

Deseaba con toda su alma que ello no pasase,
pero había alcanzado su estrés y nervios el límite,
y pronto no habría forma de que se evitase.

Alfredo pronto de nuevo se iba a enfadar,
poniendo en peligro la propia existencia,
a no ser que alguien los pies le fuese a parar.

(Saludos desde Junio 2018. Me había propuesto un reto consistente en añadir cada día 100 versos o
más al poema, y había pensado en gastarlo en reescribir y ampliar partes antiguas, corregir los fallos en el argumento, etc. Tengo que decir que esta es la primera vez que he borrado una parte CASI en su totalidad para reescribirla de 0. Para los nuevos, esto ahora mismo carezca de importancia ya, pero originalmente Enigine aparecía ante Alfredo y le decía en síntesis ''No, no te voy a ayudar, debes aprender a apañartelas solo'', aún sabiendo que Alfredo es muy emocional y es probable que se enfade con un comentario así, y se supone que Enigine justamente NO desea eso por lo que explicó hace unas cuatro o cinco partes. En comparación con eso, admitamos que decir simplemente que el zorro interdimensional estaba durmiendo, al menos no hace que este parezca un cretino. Arrieros somos, disculpas y hasta otra)

Poema Alfrediano: Parte XXIV

(Anteriormente, Alfredo escucha
la trágica historia de las cucarachas.
Al negarse a luchar a su lado, miles
de ellas se abalanzan sobre el).

De nada le servía gritar.
Inútil era suplicar.
En vano intentaba escapar.

Cientos de extremidades,
antenas, cuerpos, patas
se movían viciosos como ratas
repletas de rabia y otras enfermedades.

No importaba tener un cuerpo gaseoso,
ello no le salvaba de sentir
un tormento horroroso.

Allá donde miraba
nada veía, pues una
de esas criaturas lo tapaba.

Si hubiese mantenido la serenidad,
a lo mejor hubiese podido pensar
un plan para de aquella caterva escapar,
y tendría alguna posibilidad.

Pero le era imposible la calma,
pues la visión de aquellos monstruos
alteraba su alma.

Frenético se desplazó
intentando perderlas de vista,
pero no lo consiguió.

Allá donde avanzaba,
aquella maraña
le rodeaba.

Parecía como si cada metro cuadrado
de aquellos infraseres se hubiese plagado.

No solo lograban volar a su velocidad,
si no que mientras tanto podían rodearle
y moverse a su alrededor con facilidad.

Entonces, entre todas aquella marabunta aberrante
algo apareció de repente.
se abrió un pequeño hueco al instante.

Uno pequeño, diminuto,
por el cual no pasaban las patas
ni un solo minuto.

Aprovechó nuestro Alfredo,
para deslizarse hacia este,
aprovechando su condición de incorpóreo pedo.

Pero, mientras se movía,
aquella masificación de cucarachas
a todas partes le seguía.

Entre tantas monstruosas acompañantes,
tan solo seguía viendo aquel hueco,
que perseguía a ritmos desesperantes.

<<Esta tiene que ser la salida,
el único hueco entre todas las cucarachas,
o la alcanzo, o mi vida está perdida.>>

Tras un tiempo inmedible,
huyendo de los seres
a una velocidad increíble

se encontraba Alfredo agobiado
y sumamente desesperado.

Vio entonces una luz insignificante.
<<¡Por fin estoy viendo de nuevo la salida!
¡Hasta nunca seres de odiosa vida,
vuestro plan nunca saldrá triunfante!>>

A medida que se acercaba
cada vez mucho más
su semblante se ilusionaba.

<<¡Es la luz de la antorcha del pasillo inicial!
¡No puede haber equivocación!
¡En instantes llegaré hasta el final!>>

Pero cuando ya estaba a punto de llegar,
de su huida exitosa comenzó a sospechar.

<<Espera un momento.
Esto es otro lugar,
¡no es la salida de ese aislamiento!>>

Súbitamente los ojos enrojecidos desaparecieron.
Las patas, antenas y extremidades se desvanecieron

La antorcha se apagó.
Toda la luz se esfumó.

<<¡CERRAD LA PUERTA!
¡SI ESCAPA Y AVISA A LOS HUMANOS,
NUESTRA ESPECIE ESTÁ MUERTA!>>

Un ruido ensordecedor
le avisó de que estaba
atrapado, alejado del exterior.

Asustado como estaba con todas sus fuerzas gritó,
de nada tal acción le servía,
nadie allí le iba a oír y menos aún le ayudaría,
y por ello su energía en vano gastó.

Largo tiempo sintió que estaba encerrado.
Pasado tiempo indefinido,
escuchó una voz que le dejó desconcertado.

<<VAYA, VAYA, SI ES NUESTRO QUERIDO AMIGO...
¿SIGUES PENSANDO QUE NUNCA LUCHARÁS
EN ESTE BANDO, CONMIGO?

<<EN REALIDAD TENÍAS RAZÓN...
MIS DISCULPAS MÁS SINCERAS,
COMETIMOS UN ERROR QUE NO TIENE PERDÓN.

<<DEPOSITAMOS NUESTRA ESPERANZA
EN UNA INÚTIL PROFECÍA.
NO PODEMOS BASARNOS EN ELLA PARA UNA VENGANZA...>>

Interrumpieron la voz una especie de rugido entrecortado
era la malévola carcajada de ese ser enajenado.

¿Qué estarían ahora tramando,
cuando poco atrás su ayuda
estaban implorando?
<<POR ELLO, TRAS UNA BREVE DUDA...
HEMOS ACABADO PENSANDO

<<QUE DE TI YA NO REQUERIREMOS.
¡PARA NUESTROS FINES NO TE NECESITAREMOS!

<<PASARÁS EL RESTO DE TU PATÉTICA EXISTENCIA
ENCERRADO EN ESTA SALA, POR MÁS QUE PIDAS CLEMENCIA.

<<PERO TRANQUILO, SERÁS BIEN RECORDADO.
GRACIAS A TI, NUESTRA VISIÓN DE ESPECIE SE HA ACLARADO.
TRAS EL CATACLISMO QUE NOS HAS CONFIRMADO,
LA HUMANIDAD DEBE DE HABERSE DEBILITADO.

<<ACABAR CON LOS ÚLTIMOS HUMANOS
SERÁ UN TRABAJO FÁCIL EN NUESTRAS MANOS.

<<DE HECHO... PUEDE QUE LA RAZA NO EXTINGAMOS...
A UNOS POCOS DE ELLOS MANTENDREMOS.
LES HAREMOS SUFRIR, LES TORTURAREMOS,
Y PUEDE QUE DURANTE TIEMPO ESO HAGAMOS.

<<Y FINALMENTE, AL CABO DE UNOS AÑOS
PROBABLEMENTE NOS CANSEMOS...
Y A LOS ÚLTIMOS BRUTALMENTE MASACREMOS,
EXTINGUIENDO A ESOS SERES CRUELES Y HURAÑOS.

<<DE HECHO, LA CUCARACHA REAL,
AQUELLA A QUIEN HAS DESPRECIADO
AL TENDER SU OFERTA INICIAL,

<<ACABA DE DECLARAR,
QUE POSEE CONOCIMIENTOS
PARA TU MENTE TRANSMUTAR.

<<DICE QUE POSEE TECNOLOGÍA TAL
COMO PARA HACER QUE TU MENTE SE ANULE,
Y SEAS QUIEN IGUALMENTE LOS ASFIXIE AL FINAL.

<<NO PORQUE SEA NECESARIO,
SI NO POR EL PURO PLACER
DE QUE TU MISMO HAGAS PERECER
A AQUELLOS QUE HAS DEFENDIDO A DIARIO.

Mientras decía todo esto,
Alfredo intentó filtrarse por las paredes
y huir de ese eterno arresto.

La cucaracha adivinó sus intenciones,
y dijo sin más dilaciones:

<<Y NO CREAS QUE VAS A PODER ESCAPAR.
ESTAS PAREDES JAMÁS PODRÁS TRASPASAR.

<<ESTÁN FABRICADAS PARA EVITAR FATALES
BRECHAS CON CAPARAZONES DE CUCARACHAS
VIEJAS QUE MURIERON DE CAUSAS NATURALES.

<<Y POR SI NO TE HAS DADO CUENTA,
A NOSOTRAS NO NOS AFECTAS,
NI TÚ, NI TU PESTE CRUENTA.

<<SOMOS INVULNERABLES A ESOS FÉTIDOS OLORES,
Y TU NO NOS CAUSARAS MÁS PORMENORES.

<<POR OTRA PARTE, NOSOTRAS VAMOS A ORGANIZARNOS,
EN UNAS SEMANAS COMENZAREMOS A DESPLEGARNOS.

<<TE AGRADEZCO EN NOMBRE DE TODAS,
QUE NOS ALERTASES DE LA SITUACIÓN DE LOS HUMANOS.
ESTA VEZ, ¡SEREMOS GANADORAS!>>

El eco de aquella voz se apagó.
De nuevo Alfredo solo se quedó,

Ni siquiera se molestó en atravesar las paredes,
de nuevo intentar tal proeza.
Jamás cruzaría los restos de esos seres.

Eran monstruos de una solidez impresionante,
no podía entre estos filtrarse,
a pesar de intentarlo de forma constante.
Había sido engañado con astucia
Al menos, para lamentarse
de haber caído en tal argucia,
tendría infinito tiempo por delante.

encerrado en aquella sala hasta el final,
sabiendo que la humanidad,
por su culpa se enfrentaría a un destino fatal.

La propia humanidad no se salvaría
Por culpa de su afán por explorar,
esta se iba ahora a erradicar
y nadie lo impediría.

martes, 27 de diciembre de 2016

Poema Alfrediano: Parte XXIII

(Alfredo avanza por un pasadizo
subterráneo que cuenta la historia
de unas siniestras bestias. Finalmente,
alcanza el final de este).

Había escuchado Alfredo una voz tremebunda.
De esta debían provenir aquellos gruñidos anteriores,
así como toda aquella amalgama de sonidos inmunda.

<<¿Quién anda por aquí?>>
Dijo el atemorizado Alfredo,
que tan solo quería salir de allí.

<<AHORA, ENCENDED LAS LUCES>>
Aquella voz parecía provenir de unas grandes fauces,
afiladas como picos de avestruces.

Fue entonces cuando se llenó todo de luz cegadora,
que iluminó aquella entrada aterradora.

Pronto los ojos de Alfredo se hubieron acostumbrado,
aunque pronto desearía que esto no hubiera pasado.

Se trataba de una gran sala de paredes marrones
cuyas paredes tenían antorchas encendidas a millones.

No habían por ningún lado puertas
ni mucho menos ventanas,
tan solo espanto a espuertas.

Las paredes presentaban grabados como los anteriores,
con grandes bestias de propiedades superiores.

Cuando dejó de mirar a los lados
se fijó en el centro de ese sitio,
y se quedaron petrificados.

En el centro de la habitación,
estaba rampante un horrible ser,
se encontraba la más horrible abominación.

Recordó los primeros relieves, era idéntico a sus siluetas en su totalidad.
Una criatura gigantesca y oscura, de seis enormes patas
y ojos teñidos en rojo que reflejaban lo sombrío de tal monstruosidad.

Dos antenas, gruesas como ramas
salían de su cabeza y reposaban sobre sus patas.

Su cara se hallaba casi ocultada
sobre esos siniestros ojos
que habrían asustado a la criatura más malvada.

Parecía con ellos escrutar su alma,
en ningún momento parpadeaban,
el etéreo cuerpo Alfrediano contemplaban.
Nunca volvería a recordarlos sin perder la calma.

Bajo estos, una gran dentadura,
cuyas piezas bucales
ocupaban casi todo el resto de su faz impura.

Estaba en esos momentos postrada,
bajo un enorme tórax negro alojada.

Parecíase a un negro escarabajo,
de cuerpo grande y alargado,
aquel ser que le observaba de arriba a abajo.

Gruñidos de toda índole comenzó a soltar,
hasta finalmente articular:

<<BIENVENIDO AL REINO DE LAS CUCARACHAS...
ESPERÁBAMOS YA TU LLEGADA>>.
Dijo sin separar todavía su mirada,
manteniendo en él esos ojos grandes como remolachas.

Mientras decía esto, Alfredo escuchó un zumbido.
Una especie de aleteo, en todo caso un pequeño ruido.

Provenía de encima de su posición.
A pesar del miedo, miró hacia el techo.
Centenares de grandes ojos rojos le devolvieron la visión.

Incontables cucarachas en el techo colgadas
le apuntaron con sus siniestras miradas.

Y aunque estaba seguro con su cuerpo irrespirable,
el hecho de estar rodeado de tales monstruos
le hacía sentir pequeño y vulnerable.

<<ASÍ ES, NOBLE Y GIGANTESCO PEDO,
SOMOS MUY NUMEROSAS,
PERO NO DEBES TENERNOS NINGÚN MIEDO.

<<AL VENIR NUESTROS RELIEVES HABRÁS OBSERVADO.
SE TRATA DE NUESTRA TRÁGICA HISTORIA,
Y DE COMO AQUÍ HEMOS ACABADO.>>

Alfredo estaba aterrorizado,
y le fue imposible haber reaccionado.

La cucaracha lo desconocía,
y procedió a explicarle una historia
que se remontaba a un remotísimo día:

<<HACE MILLONES DE AÑOS EL MUNDO NOS PERTENECÍA.
CREAMOS GRANDES CIVILIZACIONES,
Y NUESTRO IMPERIO JAMÁS LANGUIDECÍA.

<<ERAMOS RESPETUOSOS CON EL RESTO DE ANIMALES,
Y SU EQUILIBRIO Y ARMONÍA INTENTÁBAMOS ASEGURAR.
A PESAR DE NUESTRO PODER Y CAPACIDAD ANORMALES.

<<PERO GENERACIÓN TRAS GENERACIÓN
COMENZAMOS A NOTAR PROBLEMAS
EN NUESTRA ESPECIE Y SU EVOLUCIÓN.

<<CADA MILENIO QUE PASABA,
NUESTRO TAMAÑO LENTAMENTE
SE REDUCÍA Y MERMABA.

<<SIN EMBARGO, NUESTRA HEGEMONÍA
SOBRE EL RESTO DE LA TIERRA
ERA LA MISMA DESDE EL PRIMER DÍA,

<<PUES SEGUÍAMOS SIENDO CRIATURAS POTENTES,
CON GRAN TAMAÑO Y FUERZA FÍSICA
A LA PAR QUE SERES INTELIGENTES.

<<Y FUE ENTONCES CUANDO LOS DETECTAMOS.
MIENTRAS NOSOTROS NOS VOLVÍAMOS DÉBILES,
UN NUEVO PROBLEMA ENCONTRAMOS:

<<GENERACIÓN TRAS GENERACIÓN,
SU INMENSO POTENCIAL Y ADAPTABILIDAD
ERAN CADA VEZ MOTIVO DE MAYOR PREOCUPACIÓN.

<<SU NÚMERO A UN RITMO RÁPIDO AUMENTABA.
SU DETERMINACIÓN Y MAÑA IMPRESIONABA.

<<SIN EMBARGO, ERAN CRIATURAS DESTRUCTIVAS.
ACABABAN CON CUALQUIER OBSTÁCULO.
TENÍAN UN ALMA LLENA DE EMOCIONES CORROSIVAS.

<<¡ME REFIERO A LOS CRUELES HUMANOS!
AQUELLOS SERES REPULSIVOS
QUE MATAN INCLUSO A SUS PROPIOS HERMANOS.

<<AL PRINCIPIO NOS RESPETABAN,
O BIEN DE FORMA NEUTRAL
O INCLUSO DE MANERA EVENTUAL
CON NOSOTRAS SE ALIABAN.

<<UN DÍA, NOS DECLARARON LA GUERRA
POR EL DOMINIO DE LA TIERRA.

<<¡QUE INESPERADA TRAICIÓN!
DEMOSTRARON SU VERDADERO ROSTRO,
TRAYENDO LA SEMILLA DE LA DESTRUCCIÓN.

<<FUERON DÉCADAS DE INMENSO DOLOR.
TODO ERA MUERTE. TODO ERA MALDAD.
TODO ERA ODIO. TODO ERA TERROR.
LENTAMENTE, NOS EXTERMINARON SIN PIEDAD.

<<FINALMENTE, LAS POCAS SUPERVIVIENTES,
TOMAMOS DOS CAMINOS DIFERENTES.

<<LA MAYORÍA RESOLVIERON QUEDARSE EN EL EXTERIOR,
CREYENDO QUE LOS HUMANOS SE APIADARÍAN DE ELLAS
AHORA QUE HABÍAN GANADO EL DOMINIO DEL MUNDO SUPERIOR.

<<NO FUE ASÍ. LA INVOLUCIÓN CONTINUARON
SIGUIERON VOLVIÉNDOSE VULNERABLES,
Y TRAS UNOS MILLONES DE AÑOS INSUFRIBLES,
DE ESTAS SOLO MINÚSCULOS INSECTOS QUEDARON.

<<CRIATURAS RÍDICULAS Y DESPRECIABLES,
QUE AUNQUE MÁS NUMEROSAS,
AÚN HOY EN DÍA TODAS LAS PERSONAS
SIGUEN PISOTEANDO Y MATANDO COMO MISERABLES.

<<HAN PERDIDO TODA SU INTELIGENCIA Y FUERZA,
ASÍ COMO SUS EMOCIONES, CONSCIENCIA;
SOBREVIVIR ES POR LO ÚNICO QUE CADA UNA SE ESFUERZA.

<<POR OTRA PARTE, EL RESTO DE NOSOTRAS
NOS REFUGIAMOS BAJO TIERRA.
FUE FÁCIL, PUES ERAMOS POCAS.

<<DESDE ENTONCES NO HEMOS INVOLUCIONADO.
SEGUIMOS UN PROCESO DE SELECCIÓN ESPECIAL,
EN EL QUE SOLO SE REPRODUCE EL MÁS BIEN DOTADO.

<<CONSTRUIMOS AQUÍ NUESTRA GALERÍA,
LOGRANDO ESCAPAR A LOS HUMANOS,
Y DE LA CRUELDAD QUE TENÍAN EN SUS MANOS.
NO HEMOS VISTO LA LUZ SOLAR DESDE ESE DÍA.
PERO CONTIGO TODO CAMBIA... ¡LO DICE LA PROFECÍA!>>

Alfredo por primera vez se atrevió a preguntar:
<<¿Y cual es esa profecía de la que acabas de hablar?>>

Realmente ni una palabra se creía
de lo que aquella cucaracha le decía,

pues era tal sus subjetividad,
que no creía que los humanos
fuesen capaces de tamaña maldad.

Para el era más factible,
que las cucarachas le engañasen,
y así sus fines lograsen,
engañándolo de cualquier forma posible.

<<LA PROFECÍA DICE QUE LA TIERRA ARDERÁ,
Y CON MUCHOS HUMANOS ACABARÁ.

<<TRAS ESO, LA HUMANIDAD QUEDARÁ MUY DEBILITADA,
PERO NO TOTALMENTE ERRADICADA.>>

Se acordó entonces nuestro pedo de la catástrofe del cataclismo,
en la que la tierra era una bola de fuego incandescente,
y que Alfredo detuvo gracias a la máquina y su mega seísmo.

<<UN GIGANTESCO GAS DE METANO,
NOS VISITARÁ AL TIEMPO DE SUCEDER ESTO,
Y NOS AYUDARÁ A ACABAR CON EL RESTO.
PERECERÁN LOS ÚLTIMOS LUCHANDO EN VANO.

<<A TODOS MUTILAREMOS,
SUS CADÁVERES DEVORAREMOS.

<<Y ASÍ VENGAREMOS A NUESTRAS HERMANAS,
A TODAS LAS QUE SIGLO TRAS SIGLO,
HAN SIDO BRUTALMENTE ASESINADAS.

<<NO COMETEREMOS NINGÚN ERROR.
HASTA QUE EL ÚLTIMO HUMANO NO FENEZCA,
ATACAREMOS CON ARDOR.

<<VOLVEREMOS A TOMAR LAS RIENDAS.
REHAREMOS NUESTRAS VIVIENDAS.

<<SEGUIREMOS CON NUESTRA RIGUROSA SELECCIÓN
PARA EVITAR DE NUEVO NUESTRA DEGENERACIÓN.

<<Y TÚ, NOBLE VENTOSIDAD
SERÁS LOADO Y RECORDADO
HASTA LA ETERNIDAD.

<<TÚ NOS CONDUCIRÁS A LA VICTORIA,
Y COMO UN HÉROE
PASARÁS A LA HISTORIA.>>

Por todas partes clamaba un rugido ensordecedor.
Las cucarachas ovacionaban el discurso
del que Alfredo había sido merecedor.

Era evidente su emoción,
habían muerto miles
esperando su aparición.

Alfredo sin embargo estaba aterrado.
Combatir contra los humanos
es lo último que hubiera deseado,
sobre todo con tan rencoroso aliado.

Asumiendo que realmente
las habían tratado injustamente,
condenadas a yacer allí injustamente,

no quitaba el hecho de que fuesen criaturas vengativas,
con monstruosa ansia por la muerte de los humanos.
Aún millones de años después de aquellas aberraciones,

su deseo de venganza teñida de sangre y violencia,
les llevaba a un punto cercano a la demencia.

Ello las convertía en algo todavía peor,
en criaturas que vivían por y para matar,
e infundir así el máximo dolor.

Definitivamente a su lado no lucharía,
por más que lo dijese una profecía.

<<Lo siento insectos,
pero no apoyaré vuestra causa
ni vuestros métodos imperfectos.

<<Perdisteis la guerra contra el ser humano,
y desde entonces tan solo os alimentáis de un odio insano.

<<Ni siquiera se si ello es real,
pues mucho dudo que la humanidad
sea capaz de un odio tal.

<<Y aún suponiendo
que no estáis mintiendo,

<<vuestra idea es carente de sentido,
y no la apoyaré en ningún caso,
pues mi respeto no ha merecido.

<<Millones de años después
de esa presunta batalla,
¿queréis volver las cosas del revés?

<<Vuestra especie siguiendo este camino perecerá,
puesto que por su cuenta jamás sobrevivirá.

<<Para acabar con la humanidad,
antes habréis necesitado esperar
a que sufran una gran calamidad,

<<y aún así solo con mi ayuda
seríais capaces de luchar
sin que la derrota supusiera una duda.

<<Los humanos os vencieron,
pero aunque os pese en el alma,
ninguna ventaja tuvieron.

<<Sus actos pudieron tener mayor crueldad,
pero jugaron en igualdad de condiciones,
a pesar de no mostrar ninguna piedad.

<<Ellos también en este mundo crecieron,
sobreviviendo a su naturaleza hostil,
y fue gracias a su cerebro que os vencieron.

<<En conclusión... esta no es mi guerra.
A mis manos ningún humano morirá.
No os ayudaré en la conquista de la tierra.>>

Un silencio sepulcral
recorrió aquella sala infernal.

La cucaracha del centro de la habitación
tenía la mirada clavada en Alfredo.
Fue tajante su contestación:

<<LLEVAD A ESTE MISERABLE
A NUESTRA PRISIÓN MÁS INDESEABLE.>>

Centenares de ruidos y toscos rugidos se oyeron.
Incontables extremidades, ojos de un rojo ensangrentado
y otras protuberancias, con un vigor exacerbado
completamente sobre el se abalanzaron.
Las cucarachas del techo así le atacaron.

(Menudo mal trago está pasando Alfredo. Sí, sabemos que
es incorpóreo, pero eso no quita que no sea desagradable
que mil cucarachas gigantes enfurecidas te rodeen tan de cerca.
No se lo desearía ni a mi pero enemigo... a el con que le rodeasen
tan solo cien de esas me sobra... como podéis ver, los versos
son algo más cortos. Mejor así... ¿no? Además, involuntariamente, he comenzado
a alargar desde antes de la XX las partes. Ahora son el doble de extensas
más o menos. Es algo involuntario, pero creo que lo dejaré así.
En fin... en la parte XXIV sabremos que es de Alfredo. Chau...)

lunes, 26 de diciembre de 2016

Poema Alfrediano: Parte XXII

(Alfredo ha rechazado abandonar
su búsqueda para ser humano. Tras
despedirse de Enigine, vuelve al
lugar del que desapareció: la
estepa).

Alfredo estuvo quieto hasta el amanecer,
mientras intentaba despejar
toda aquella información que acababa de absorber.

Cuando el alba ya había aparecido,
y el sol con sus rayos todo iluminaba,
mentalmente estaba rendido.

Al parecer, la tierra en la que vivía,
todo lo existía en esta,
e incluso las estrellas sobre su testa
que por las noches brillantes veía,

era todo ello y más lo conocido como espacial,
y junto con la variable del propio tiempo
formaban toda su estructura universal.

Aún memorizando tales conceptos, todavía
no comprendió que significaban,
ello era algo que meramente intuía.

Lo importante era que sus enfado,
si no le hubiese advertido Enigine,
grandes problemas podría haber causado.

Y ello era la principal lección
que debía sintetizar
de la compleja conversación:

hacer un esfuerzo sobrehumano
para evitar que sucediese,
y todo lo existente se destruyese,
haciendo así todo su esfuerzo vano.

Decidió así cuanto antes todo lo sucedido olvidar,
pues seguir intentado pensar en términos más allá
de su comprensión, podría al final su cabeza dañar.

Y por ello rememoró lo que estaba haciendo
hasta que aquella extraña dimensión
le había acabado engullendo:

<<¡Es cierto! Estaba avanzando
sin orden ni concierto por la llanura,
y este nuevo mundo explorando

<<para así calmar mi mente,
conocer este bello planeta
y poder ser libre de forma permanente.>>

Mientras se movía,
reflexionó otra cuestión existencial,
planteada con el zorro ancestral,
y que ahora a él de nuevo venía.

Se trataba de su gaseosa condición,
sobre si realmente la deseaba,
o era esta motivo de aversión.

<<¿Realmente deseo ser alguien normal?
¿Quiero perder mi libertad,
y mi gran movilidad,
renunciar a mi condición sobrenatural?>>

Por una marte pensaba horrorizado,
las víctimas que su hedor
en períodos anteriores se había cobrado,
cientos de humanos en derredor,

algún que otro animal inocente,
y hasta un gigante imponente.

Eran sus víctimas más de las que podía contar,
y ello evidentemente acabaría,
si de su propiedad de pedo se pudiese librar.

Ello sin contar su deseo propiamente,
el de ser aceptado por las gentes
-a pesar de que, tras esfuerzos ingentes,
parecía haberlo logrado finalmente,

pues los humanos supervivientes,
le habían creído y respetado,
intuyendo intenciones benevolentes-.

Por otra parte era este detalle pequeño,
uno de los que le hacían dudar
sobre si el cuerpo del que era dueño
realmente deseaba cambiar.

Ahora que su objetivo estaba en teoría logrado,
carecía de sentido desear
que los humanos no le siguiesen dejando abandonado.

Y perder su estructura de gas no iba a cambiar
las muertes que esta hubiese podido provocar.
Además, habilidades como la de poder volar,

o ser un ente inmortal,
le daban un beneficio
mucho más que real.

<<Cada vez sé menos lo que deseo,
y en perseverancia ya flojeo...

<<Lo único que puedo hacer
es viajar hasta que esa decisión
pueda definitivamente escoger.

<<Mientras tanto
habrá que ir tirando...>>.

Y así dejó por el momento abandonar,
lo que, aunque el no lo sospechaba,
era la cuestión que a su vida sentido daba,
y que más tiempo durante esta le iba a rondar.

En su camino los días y las noches de nuevo aparecían.
Los extraños animales también de nuevo se oían.

Casi al instante volvió a acostumbrarse,
aunque de nuevo ver el paso de las jornadas,
y como las mañanas por extraños gallos eran anunciadas,
le hacía gratamente alegrarse.

Fue poco después cuando ese paraje
volvió a sufrir un cambio sustancial
que de nuevo alteró el transcurso del viaje.

Vislumbró a lo lejos un pequeño montículo,
y se acercó a la elevación.
Aunque de tamaño ridículo,

Se acercó hasta la elevación
con curiosidad y tentación.

La hierba alrededor del hoyo estaba podrida.
Un amasijo de rastrojos descompuestos yacían
sobre tierra lánguida y ennegrecida.

Prestó entonces a aquella elevación
su merecida atención.

Su altura de apenas un metro era lo menos importante
pues vio que en su pequeño apogeo,
había un agujero de profundidad gigante.

El agujero tenía tal oscuridad que era imposible ver el fondo de este,
contrastando con el paisaje de la estepa, envuelto en aquel cielo de color celeste.

Descubrir aquella puerta a otra nueva zona
le llenó de emoción,
y su corazón latía como una forzada bombona.

<<Me pregunto que habrá aquí dentro...
¡intentaré llegar hasta su centro!>>

Alfredo se introdujo así en su interior,
despidiéndose una vez más
de la estepa del mundo superior.

Por dentro, un estrecho túnel vertical
descendía hasta una profundidad abisal.

La luz apenas conseguía filtrarse,
y por ello las paredes de tierra
apenas podían vislumbrarse.

Conforme Alfredo bajaba,
cada vez menos destello
del soleado día llegaba.

Finalmente, todo quedó completamente a oscuras,
y el exterior tan solo se contemplaba como un punto de luz,
visible ahora a penas duras.

Cuando debido a la profundidad,
se hizo imposible ver cualquier claridad,

Alfredo comenzó a preocuparse.
Llevaba ya un rato bajando
¿cuanto aquel túnel podría ampliarse?

El tiempo volvía a ser ahora incierto,
y el ambiente estaba completamente muerto.

Tras estar así un período indefinido,
escuchó entonces unos ruidos,
que a el habían llegado.

Eran sin duda sonidos raros,
definibles como toscos y raros,
pronunciados sin reparos.

Mientras Alfredo siguió descendiendo,
estos en nitidez e intensidad siguieron creciendo.

Se componían de bruscos gruñidos,
así como algunas pisadas,
aderezadas de misteriosos crujidos.

En medio de estas audiciones siniestras,
fue cuando Alfredo salió de esas tinieblas funestas.

Una luz parecida a una lumbre,
comenzó a dibujarse en lo más hondo del agujero,
causando a Alfredo incertidumbre.

Al acercarse, los sonidos aumentaban,
así como los detalles de aquella luz
que sus ojos ahora ya analizaban.

Se trataba de una antorcha, que se situaba
en lo más profundo,
el límite del agujero inmundo,
allí donde el foso ya terminaba.

Las paredes reflejadas,
ya no eran de tierra,
si no de piedras muy bien tallada.

Descubrió entonces que en el fondo del todo,
aquel túnel no acababa, si no que ahora se volvía horizontal,
formando una galería cuya estructura era de roca del color del lodo.

Se adentró así en esta continuación,
ansioso de saber donde y en qué acababa
aquella misteriosa excavación.

Realmente se trataba de una galería muy trabajada.
Tenía un par de zancadas de ancho y unos dos metros de alto.
Acababa en una bóveda de cañón,
construida con más de aquella piedra marrón,
que al igual que en las paredes estaba bastante bien tallada.

Había una sucesión de más antorchas en ambos muros,
dando una lóbrega y pobre visión,
y revelando un inacabable pasillo de claroscuros.

Tras las primeras iluminantes,
descubrió Alfredo lo que sería
el inicio de imágenes intimidantes,
con las que más de uno un susto se daría
si sobre estas no hubiese visto nada antes.

Las paredes comenzaron a representar
los relieves más desagradables
que Alfredo en su imaginación pudiese plasmar.

Al principio, en ambos se veían
imágenes terroríficas,
que un buen rato se repetían.

A la izquierda y a la derecha,
se presentaban criaturas deformes y gigantescas,
talladas como una especie poderosa aunque contrahecha,
y de las que solo se veían siluetas.

Como inmensas criaturas que eran lucían,
aparecían moviéndose tanto de pie como postradas,
y de cuyos cuerpos tres pares de robustas patas salían.

De su cabeza salían dos pequeñas puntas,
no parecían tener cuello, si no que cabeza
y la otra parte de su cuerpo en toda su entereza
parecían estar sólidamente juntas.

A medida que avanzaba,
los acontecimientos de los relieves también lo hacían,
y los dos lados de estos se dividían;
en cada parte la historia representada se diferenciaba.

En la línea zurda,
se representaba una degeneración
de esa raza oscura y burda.

Cada vez decrecían más en tamaño,
volviéndose más débiles y pequeñas
que sus predecesores de antaño.

Las pequeñas puntas de su cabeza
se convertían en finas antenas,
mientras que perdían por momentos su grandeza.

Finalmente, quedaban convertidos
en ridículos insectos de unos centímetros.
A tal ridiculez los seres quedaban reducidos.

Unos pocos relieves más adelante,
aparecían unas figuras
con una expresión corporal intimidante.

Criaturas delgadas
de dos brazos y piernas
y cabelleras más bien holgadas.

De puños y piernas alfo deformes,
aparecían aplastando a miles a aquellos bichos,
transformándolos en masas informes.

A pesar de haber sido tallados con crudeza,
claramente se reconocía,
a que especie remitía
cada uno de los que representaban con tal dureza:

<<¡Son humanos!>>
Exclamó Alfredo impresionado
sobre aquellos titanes tiranos.

Tras unos relieves más de muerte y destrucción,
en los que más masacres de los humanos sucedían,
y cada vez más pequeños y numerosos insectos morían,
una flecha apuntando hacia arriba marcaba su finalización.

<<¿Qué significarán estas imágenes?>>
Se preguntaba Alfredo entonces.

El resto de aquella barrera
estaba vacía, y sobre su piedra marrón
tan solo se posaba algo de polvera.

¿Estaba la historia incompleta?
¿Debería estar toda la pared repleta?

Todavía le era desconocido,
y decidió seguir explorando,
aunque sintió que debería haberse ido,

y ni un minuto más estar
en aquel siniestro lugar.

Volvió sobre sus pasos,
para contemplar la zona derecha
desde sus trazados más vagos.

Las criaturas de aquí también sufrían un mal destino,
aunque de ambos, era el más interesante camino.

También se volvían débiles,
y sus esfuerzos por no caer en la misma degeneración
parecían en un principio fútiles.

Sus antenas se iban alargando ligeramente.
Su posición cada vez era más marcadamente erguida,
y sus dos pares de patas delanteras se atrofiaban lentamente.

Relieves después, las siluetas humanoides aparecían.
Se originaba una guerra entonces una pelea entre ambas facciones,
y durante un largo trecho en esta contienda se exponían.

Mientras se alargaba el enfrentamiento,
notó el pedo que su tamaño, tiempo atrás,
había cesado su menguamiento,

hasta estabilizarse a poco más que el de un humano.
Pese a poseer una ventaja de complexión,
ello no era suficiente para evitar la perdición,
y las criaturas parecían ir muriendo en vano.

Pocos humanos se representaban caídos,
y muchos más de aquellos animales extraños
acababan en la contienda perdidos.

Finalmente, aquellas bestias gradualmente desaparecían,
y solo las figuras humanoides prevalecían,

Ya solo quedaban los últimos durante unos paneles,
y aunque parecían festejar su triunfo,
apenas les daba tiempo para dormirse en los laureles.

Los grabados se tornaban desde entonces incoherentes y confusos.
Al poco, comenzaban a representar algo parecido a llamas por toda la pared,
así como figuras muriendo calcinadas entre incendios difusos.

Las llamas desaparecían más adelante,
dejando casi ningún superviviente
de lo que parecía una masacre sangrante.

A continuación, varios metros con cuerpos calcinados,
y entre estos unos pocos humanos
en pie, todos ellos por el desastre paralizados.

Entonces, una especie de masa extraña
se posaba sobre ellos,
acechándoles como una hostil araña.
A Alfredo le recordaba a una especie de nube extraña.

Las monstruosidades volvían a hacer su aparición,
atacando a los pocos supervivientes
y sembrando la muerte y destrucción.

La extraña nube parecía ayudarles,
y de hecho a los que huían conseguía
rápidamente capturarles.

Siempre era representada
sobre la cabeza de algún
humano postrada,

y su víctima desafortunada,
como si estuviese siendo así
brutalmente ejecutada.

La fúnebre historia acababa
cuando tras toda la confusión,
el contraataque triunfaba.

Se exponía un relieve más en el pasadizo.
En este, las bestias devoraban a los supervivientes,
sosteniendo entre sus patas y boca sus extremidades,
y descuartizando a todos de un modo vicioso y enfermizo.

La misteriosa nubecilla yacía sobre ellos.
No hacía ningún esfuerzo por evitar
que tal espectáculo pudiese continuar,
como si disfrutase de muertos verlos.

Mientras asimilaba este relato truculento,
se dió cuenta de que el pasillo había acabado,
llegando al final a pesar de su avance lento.
Esta pared sí que se había completado.

Los extraños gruñidos habían dejado de oírse.
Ni el más mínimo ruido podía ahora percibirse.

Como si hubiesen intuido un intruso en la entrada,
y se preparasen para acecharle a su llegada.

Descubrió Alfredo una diminuta rejilla,
casi ocultada por una vieja losilla.

Se encontraba él justo encima
y decidió atravesar la susodicha
a pesar de que aquel sitio le daba grima.

Cuando definitivamente la cruzó,
en otra sala oscura se encontró.

Una voz monstruosa,
proveniente de una criatura
aberrante y horrorosa,
rompió el silencio de aquella tesitura.

<<¡RÁPIDO HERMANOS!
¡TAPAD LA TRAMPILLA, VAMOS!>>

La escasa luz que aún se filtraba desde una antorcha exterior,
desapareció súbitamente de allí, siendo imposible verla desde el interior.

(Guao... ¿Qué tensión, no? ¿No? Bueno, supongo
que al final ya os acabáis acostumbrando a estos
giros tan... ¿inesperados? en la trama. Bueno,
debo pedir disculpas por haber hecho versos taaaan
largos, en vez de currarme más rimas... ¡En fin,
hago lo que puedo! La mitad de esta parte ha sido escrita
en Navidad, si sirve de excusa. la próxima parte
incluye (Por milésima vez) un nuevo acontecimiento
que cambia toda la aventura, y (posiblemente) más
rimas y menos largo de línea. ¡Hasta la parte XXIII, amigos!)


viernes, 23 de diciembre de 2016

Poema Alfrediano: Parte XXI

(Anteriormente, Enigine le habla
a Alfredo sobre los universos y realidades.
Además, le intenta convencer sobre seguir
siendo un pedo).

Aunque lo emocional le dictase,
que en un ser humano
quería transformarse,

su pensamiento racional,
le mostraba un hecho real,

y es que ser una ventosidad,
le daba muchísima más versatilidad.

Los argumentos de Enigine,
eran ciertos y sólidos,
y le dejaban la cabeza como una vorágine.

Pero Alfredo no estaba interesado en la funcionalidad.
Estaba dispuesto a perder la mayor parte de su movilidad,
quedando, como los humanos, sujeto al suelo y a la gravedad

a no traspasar nunca más muros,
y quedar indefenso ante seres obscuros.

También estaba dispuesto a renuncia a su inmortalidad
con tal de integrarse así a la humanidad.

Al tomar esta última decisión,
se acordó de cuando en aquel
páramo de fuego sufrió una condensación:

Solo entonces se dió cuenta de que esto era ilógico.
¿Cómo un gas, a gran temperatura,
puede licuarse de un modo tan trágico?

¿No se supone que esto ocurre al contrario,
cuando es el frío el que se cruza en tu itinerario?

Preguntó a Enigine al respecto,
que le contestó circunspecto:

<<Como he dicho, tu universo es uno de los más perfectos,
pero eso no quita que entre sus variables espacio temporales,
se produzcan pequeñas excepciones y defectos.

<<Debe de ser un error en las propiedades universales,
que provocó esas reacciones anormales.

<<Ten en cuenta que no eres un pedo normal.
Tu existencia contradice leyes biológicas y físicas,
no resulta extraño, que puedan actuar sobre ti de forma inusual.

<<En todos los universos con variables definidas
hay fallos, aunque serán menores
cuanto mejor estén trazadas>>

<<Eso explicaría esa afección,
pero acabo de recordar otra cuestión,>>

<<¿por qué dices que soy inmortal?
Me acuerdo de que al derretirme,
todo se volvió negro y creí ver el final.

<<Hasta ser revivido,
nada a mi alrededor hube percibido.>>

<<Alfredo, ni siquiera llegaste a morir,
y nadie te tuvo que revivir.

<<Cuando quedaste convertido en líquido,
se puso sobre tus ojos un manto negro e insípido.

<<Dejaste de ser capaz de ver,
y lo que había a tu alrededor no podías saber.

<<Tampoco podías oir nada.
En suma tu percepción del todo
estaba anulada.

<<Simplemente tu cuerpo de metano
no está adaptado al estado líquido,
y tus sentidos intentaban funcionar en vano.

<<Eras capaz de pensar con lucidez,
y por eso pensabas que habías muerto de una vez.

<<Sin embargo, tu sistema sensorial
no funcionaba para nada,
y quedaste inválido temiéndote que era tu final.

<<Aquel que se sobre ti se acercó,
simplemente sobre tu cuerpo,
una pócima vertió,

<<la cual reaccionó con tus fluidos,
y en breves estos de nuevo pudiste sentir,
creyéndolos revividos.

Alfredo había escuchado atentamente
todas estas respuestas,
y le pareció que había contestado correctamente.

Como ese hombre tal pócima conocía,
era lo único que le chirriaba,
pero pensó que no lo preguntaría,

pues la respuesta solo le daría lugar a más cuestiones,
y aunque Enigine le parecía bastante interesante,
ansiaba irse del lugar sin más dilaciones.

Reflexionó un minuto más,
aunque ya tenía clara la respuesta
dentro de su cerebro de gas:

<<Enigine, he tomado una decisión,
y creo que el destino no me da otra opción.

<<Seguiré intentando conseguir mi objetivo.
Tan solo quiero ser aceptado entre los humanos.
Sé que me dirás que estoy como un chivo.

<<Sé que me dirás
que merezco algo más.

<<Que yo no soy de nadie,
que pertenezco a la intemperie.

<<Pero la verdad...
prefiero ignorar esa realidad.

<<Es cierto que ser feliz viene dado por la ignorancia,
y por eso, quiero fingir que no hay nada más allá de mi universo,
en vez de vagar como un espíritu lleno de vitalidad y arrogancia.>>

Enigine, o mejor dicho su cabeza,
apuntó hacia Alfredo, sin volverse
o siquiera minimamente moverse.
No tenía rasgos, pero se percibía una expresión de dureza.

Cuando Alfredo acabó,
su voz de nuevo se percibió:

<<Como he dicho antes,
no voy a impedirte que cumplas tus sueños,
aunque me parezcan delirantes.

<<Debo tu humilde meta respetar,
y que algún día la cumplas desear>>.

Se quiso callar un momento,
durante el cual solo se escuchaba el vacío
entre las montañas de cemento.

Cuando retomó la conversación,
su voz parecía ligeramente más seria,
como si desease ahora máxima atención.

<<Pero eso no importa ahora mismo.
Debo decirte para que te he traido
a este deprimente abismo>>.

Alfredo también esa pregunta había ya olvidado,
por todo lo que Enigine le había contado.

<<Hace poco sufriste un enfado monumental.
¿Recuerdas? Tenías el cuerpo enrojecido,
gritabas como un bárbaro enloquecido,
y explotaste de un modo cuanto menos brutal.

<<Más allá de desintegrar a esos seres deficientes,
las consecuencias de tu arranque de ira
fueron inmensamente más hirientes.

<<Alfredo... cuando sufriste el enfado,
¿no sentías como si todo a tu alrededor
se moviese en un brusco estertor?
¿como si todo a temblar hubiese comenzado?>>

Rememoró Alfredo su furia explosiva.
Y fue entonces cuando volvió a recordar
esa sensación antes de la explosión masiva.

Como toda la ''materia'', de la más cercana a la más alejada
estuviese literalmente rasgándose en mil pedazos,
como si toda de un momento a otro fuese a acabar pulverizada.

<<A esa sensación me refería>>,
Enigine estaba claro
que su mente con facilidad leía,

<<Cada vez que te enfadas,
ondas de energía inestable
en todos los universos son liberadas.

<<Por lo que pude comprobar cuando la furia te embargó,
las ondas tuvieron consecuencias negativas,
y su energía el espacio-tiempo de tu universo dañó.

<<Sin embargo, no te debes desesperar,
pues el impacto, de momento,
no ha sido suficiente como para que lo puedas notar.

<<Son el resto de universos imperfectos,
los que se han llevado los daños más abyectos,

<<¡Algunos han llegado a desaparecer!
Es un hecho que ni yo mismo podía creer,

<<pero de repente he dejado de notar su esencia,
y me he vuelto incapaz de transportarme a su presencia.

<<No eres del todo culpable,
pues no eras consciente de ello,
y tampoco ha sido una perdida inaguantable.

<<Solo te debía advertir,
de que ahora que ya lo sabes
no se debe volver a repetir>>.

<<¿Y por qué aquí me has traído?>>
dijo Alfredo, ya que tal detalle
no había aún comprendido.

<<Ves que este universo está desolado.
No tiene apenas estructura espacial
y carece totalmente de un atisbo temporal.
Es el último páramo en el que te gustaría haber terminado.

<<Pues bien, ahora imagina estar en este lugar,
pero sin este monocromo suelo,
y también sin el lechoso cielo.
E imagina para siempre allí estar>>.

La experiencia era realmente desagradable.
Recordaba a Alfredo cuando quedó inutilizado
al derretirse de modo desagradable,

pero todavía mucho peor,
pues para siempre así permanecer,
le llenaba de profundo horror.

<<En eso se transformarán todas las realidades,
si te sigues enfadando y causando así inestabilidades.

<<Hasta este lugar traerte,
y durante largo tiempo dejarte,

<<ha sido una forma de enseñarte,
un mínimo de lo que podría pasarte.

<<Acabar en absolutamente ningún lugar perdido.
De todo, incluso de tu propio ser acabar desprendido>>.

Alfredo estaba totalmente petrificado.
Nunca pensó que su estado emocional
pudiese causar semejante mal,
como para su hogar entero haber borrado.

Inmediatamente Enigine volvió a su tono afable,
y le dijo con una voz menos seca y más amable:

<<Bien, bien, ha sido una fantástica charla,
me ha gustado mucho poder contarte todo,
algún día habrá que reanudarla.

<<Te llevaré al instante
en el que desapareciste
de aquella estepa gigante.>>

La niebla superior comenzó a descender,
y en los ojos de Alfredo se acabó por poner.
Gritó este: <<¿¡Cuándo nos volveremos a ver?!>>

Creyó de forma tenue en su cabeza escuchar:
<<pronto... muy pronto...
y durante más tiempo podremos hablar...>>

El suelo y las montañas,
así como la silueta de Enigine,
se desdibujaron, cada vez más extrañas.

Cuando aquel manto de neblina
ocultó totalmente todo su alrededor,
se manifestó de nuevo esa voz, ahora mucho más fina:

<<Hasta pronto Alfredo,
no todos los días puedes
hablar con un pedo...

<<Ahora me retiro para descansar,
pues de una dimensión a otra moverte,
mi energía ha conseguido drenar...>>

Alfredo sintió como una ráfaga de viento
atravesaba en todas direcciones su cuerpo.
Era agradable, como un aromático aliento.

Y entonces el manto blanco se empezó a desvanecer.
Bajo el una negrura grande comenzaba a dejarse ver.

Comenzó a escuchar ruidos familiares,
que tan solo podían provenir de animales.

También veía ante sus ojos
las estrellas de las constelaciones
que iluminaban aquella tierra de hierbas y rastrojos.

Había vuelto a la inmensa planicie,
y en la noche en la que abandonó su superficie.

(Y aquí cierra la parte XXI. Aunque quizás el hecho
de poner unos parentesis así a bote pronto ya daba pistas
de ello. En fin, Alfredo, mucho más sabio que antes
se encuentra en el lugar del que se fue, A saber que
aventura le esperará en la siguiente parte. Cuando se
me ocurra, os informo de ello en la parte XXII)

domingo, 18 de diciembre de 2016

Poema Alfrediano: Parte XX

(Anteriormente, Alfredo acaba
perdiendo la fé en escapar de
aquella región de las tinieblas
en la que no existe el tiempo
ni el espacio. De repente, una
voz le hace reaccionar).

Aquella ''voz'' que le hizo girarse
venía de un extraño ser,
que Alfredo jamás habría podido imaginarse.

Su cuerpo era el de un zorro de pelaje gris apagado,
pero donde debería tener su cola,
tres plumas rojo escarlata la habían reemplazado

Manchas negruzcas las plumas salpicaban,
que quedaban contrastadas con su cuerpo,
y como este era oscuro, todavía más resaltaban

Además, a partir de cada tobillo,
su piel adquiría un tono llamativo
que oscilaba entre blanquecino y amarillo.

Sus orejas también eran algo peculiares,
de estas salían algunos pelos gruesos,
de un negro negro como las profundidades abisales

Pero lo que más marcó a la ventosidad
fue la ausencia de rostro alguno,
dando a esa criatura una gran frialdad.

En la parte en la que debería dibujarse la boca,
los ojos, o al menos el hocico,
había menos rasgos de los que tiene una roca.

Tan solo un manto de más pelaje oscurecido
se extendía por encima de su inexistente faz
plagada de misterios que ni la criatura habría imaginado.

Y ahora, aquel extraño ser estaba apuntándole de frente.
No tenía ojos, pero sentía como si le observase,
analizando cada oleada gaseosa y clasificándola en su mente.

La voz que instantes antes escuchó,
ahora de nuevo sonó:

<<¿No crees que deberías guardar calma?
Si te dejas llevar por la ira y la tristeza,
vas a terminar dañando algo más que tu alma.>>

Sin duda, esto provenía
de esa criatura que veía.

Se trataba de un sonido indescriptible.
Potente, pero de alguna forma inaudible.

No parecía una voz real,
no era aguda o grave,
ni clasificable como ronca o suave.
Escucharla era una experiencia anormal.

Daba mucho la sensación
de que tan solo era un producto
de su enfermiza imaginación.

Lo curioso es que era capaz de hablar,
pero no tenía boca alguna,
o siquiera un vestigio de paladar.

Alfredo estaba totalmente desconcertado,
y tantas cosas le habían sucedido,
y tal extenuación mental había sufrido,

que ni siquiera se asustó.
Como estaba cansado de vagar,
y prefería por la conversación optar,
por el diálogo optó:

<<¿Quién eres, y que haces en esta tierra loca?
¿Eres tú el responsable
de que haya acabado en un estado tan miserable?
¿Y cómo es que puedes hablar sin boca?>>

<<Veo que eres bastante curioso...
te gustará saber que puedo contestar casi todo,
mi querido pedo hermoso...

<<Para empezar, me comunico mediante telepatía...
es una forma divertida de conversar,
aunque confunde a quienes de ello no tienen sabiduría...

<<Preguntas donde estamos...
para ser sinceros,
¡En ninguna parte nos encontramos!

<<Este lugar realmente no existe.
No hay forma de entrar o salir,
a pesar de lo que pensaste y te dijiste.

<<Lo debo admitir, soy el (¿o tal vez la?) responsable
de tu traslado a este sitio aciago,
trazado de modo simple y vago,
de que acabases en un lugar frío y deleznable...

<<aunque ya hablaremos del por qué más adelante,
antes de que ello te pueda aclarar,
nos queda una conversación más que extenuante.

<<Este sitio es distinto a nuestra realidad,
me refiero a aquella en la que existe la humanidad.

<<Lo que te voy a explicar ahora es complejo.
Probablemente hay cosas que te serán incomprensibles,
también yo me he topado con misterios aún ininteligibles,
aún siendo enorme mi experiencia,
y respecto a ti, mucho más larga mi supervivencia,
ya que soy inmensamente más viejo...

<<Intentaré simplificarlo todo lo que sepa,
pero no puedo asegurar que fácilmente
en tu cabeza nada de lo que diga te quepa.

Alfredo prestó atención,
y el mágico animal
comenzó su explicación:

<<La Tierra, donde toda tu vida ha tenido lugar,
así como una cantidad infinita de planetas y estrellas,
y de muchas más cosas de las que puedas imaginar,

<<son lo que se conoce como espacio o ''materia'',
es decir, todo lo que existe físicamente,
desde la luna hasta la más pequeña bacteria.

<<''universo'' es el nombre que recibe todo lo material.
Además, el tuyo posee una cosa que lo hace único,
y es la existencia del marco temporal.

<<Sin este, la materia nunca se movería,
siempre estaría en el mismo estado,
pues ni antes ni después actuar podría.>>

<<El espacio, en tu caso, se divide en una triple dimensión,
y el tiempo es, en sí mismo, otra más, la cuarta.
Es el espacio-tiempo a lo que estoy haciendo alusión.

<<Todos los universos poseen al menos una dimensión,
-también con la palabra ''variable'' puede ser mencionada-
pero el tuyo es el único que las cuatro, de forma desarrollada
tiene, y ello es motivo de admiración.

<<Tu resides en una realidad muy bien diseñada.
Cada dimensión, con una habilidad digna de dioses
ha sido exitosamente ''programada'',

<<y eso ha dado lugar a un universo ''perfecto'',
-exceptuando su natural caos,
al decir esto estoy en lo correcto-.

<<No obstante, ese no es el primero de los creados
Antes existieron otros mucho menos trabajados.

<<Esbozos, realidades que solo son restos de variables,
pequeños trozos y esbozos casi inapreciables.

<<cuyo éxito fue inexistente,
 y quedaron relegadas,
sumidas en un estado oscuro y latente.

<<En fin, esta es una de dichas zonas,
y para ser más exactos, una de las primeras.

<<Aquí no existían la mayoría de las dimensiones de espacio,
el tiempo ni siquiera había sido ideado,
ni tampoco las propiedades de la materia se habían originado;
hay que admitir que al principio estos cambios iban despacio...

<<En fin... creo que más no te puedo aclarar
sobre cual es este lugar al que acabas de llegar.

Alfredo había escuchado atentamente,
y aunque aún en gran medida confundía
casi todo lo que el zorro le decía,
preguntó nuevamente:

<<Vale, creo que puedo asimilar donde me encuentro,
o al menos intentar asimilarlo vagamente.
Tengo más preguntas que te quiero hacer próximamente,
así que empiezo por una que me carcome por dentro:

<<¿Quién eres tú exactamente?
¿A caso eres mi creador,
o le conoces directamente?>>

El misterioso animal se quedó pensativo un instante,
para luego contestar con telepaticamente:

<<Estoy bastante seguro de no ser tu creador...
en cuanto al dueño de tan fétido olor...

<<Bien, es un misterio de quién se trata,
pero lo cierto es que el es el creador de todo esto:
desde el más gran universo hasta la más enana rata.

<<Y en cuanto a quien soy,
creo que nunca he contestado
a ello hasta hoy...

<<Mi nombre es Enigine,
y viajar entre las realidades
es la actividad que me define.

<<Ni siquiera recuerdo cuando nací;
tampoco donde exactamente,
y mucho menos quien me trajo hasta aquí,

<<Llevo existiendo
desde mucho antes
de que tu universo acabase naciendo.

<<¡Son ya tantas las áreas creadas!
aunque la mayoría, sin embargo,
no tardan en desaparecer y ser borradas.

<<Sin embargo, todavía quedan algunas,
que a pesar de incompletas,
yacen como misteriosas y eternas lagunas.

<<Como te he dicho antes,
soy capaz de desplazarme por ellas,
con la facilidad con la que cruzan la calle los viandantes .

<<Lo que aún no se exactamente,
es a que se debe mi costumbre
de moverme por aquí eternamente,

<<pero el caso es que me da tranquilidad,
y también una sensación de vitalidad...>>

Dijo entonces nuestro pedo:
<<¿Y eres tu quien aquí me ha traído?>>

<<Así es, mi querido Alfredo,
yo te he llevado a este lugar,
y el motivo de ello pronto te voy a contar,
por evitarlo no tengas miedo>>.

Alfredo se quedó sorprendido,
¿Cómo su nombre había conocido?

<<¿No te esperabas que te conociera?
Llevo velando por tí desde una remota era

<<Te conozco desde poco después de tu nacimiento.
Noté una presencia misteriosa en el universo ideal,
mientras en algún lugar de aquel estaba durmiendo.

<<En aquel furtivo instante
me recordabas bastante

<<a cuando por primera vez cambie de universo.
Al principio vagaba por allí decidido
a volver de donde había desaparecido.
Era un ignorante atrapado en un lugar disperso.

<<Estaba totalmente convencido,
de que cuando menos lo esperase,
a la realidad en la que nací habría regresado.

<<Pasó tiempo, e incontables viajes para interiorizar,
que no pertenezco a ningún hogar.>>

(Enigine agachó un instante su cabeza;
Alfredo por un momento pensó que
se sentía superado por la nostalgia y la tristeza,

aunque se sobrepuso rápidamente,
en cualquiera de los casos,
y dijo a Alfredo inmediatamente):

<<Ahora que lo pienso... ¿y si no estás destinado a ser de carne y hueso?
puede que tan solo sea un a absurda preocupación que te tiene obseso...>>

<<Pero un científico me aseguró que existía un remedio...>>
<<Y después de ver todo esto aún confías en su ciencia primitiva?
Te recomiendo que te quites esa idea de enmedio...

<<Escúchame bien,, Alfredo, no impediré que cumplas tus sueños
pero no debes dejar que se apoderen de tí y sean tus dueños.

<<Y es muy noble que intentes alcanzarlos,
pero ¿no crees que deberías replantearlos?

<<Piensa en las aventuras que has vivido
desde aquel remoto momento,
en el que fuiste de un misterioso ano pedido.

<<Has corrido aventuras
que no se lograrían
ni en cientos de vidas.

<<Tus viajes por un mundo cambiante,
(¡e incluso de una dimensión a otra!)
darían para escribir literatura de la más interesante.

<<De todos los universos que he conocido,
nunca ante mí una criatura tan interesante,
en mi camino había aparecido,

<<Eres uno de los seres más extraños
y al mismo tiempo menos huraños

<<que jamás podré observar...
¿y tu magnífica condición quieres dejar?

<<Si hubieras nacido siendo una persona,
milenios llevarías ya bien muerto;
jamás hubieras llegado a esta zona,
y sabes que estoy en lo cierto.

<<Como ente inmortal que eres,
podrás viajar y explorar todo lo que desees.

<<Además, ¿qué me dices de tu poderes?
Puedes flotar como un ave,
volando por la brisa suave,
o también gasear a los más inmundos seres.

<<Creo que estás por encima de algo tan mundano,
como ser un mero ser humano.

<<Pero lo que importa es tu opinión.
¿Todavía quieres sufrir una transformación?>>

Alfredo se encontraba indeciso,
nunca había valorado sus cualidades
de un modo tan preciso.

¿Odiaba tanto ser un pedo realmente?
¿A caso el problema era aquella testarudez permanente?

¿Qué quería sinceramente?
¿Qué le dictaban corazón y mente?


sábado, 17 de diciembre de 2016

Poema Alfrediano: Parte XIX

(Anteriormente, Alfredo ha comenzado
a vagar por aquella zona triste y gris,
en la que no existe el tiempo ni, como
se teme tanto, el espacio físico. Se
encuentra en un extraño lugar en el
que la realidad es completamente distinta).

Mientras vagaba entre aquellas tierras,
sentíase Alfredo con cada vez menos determinación.
Intentaba desesperadamente viajar con obstinación,
huyendo de esas grisáceas tinieblas,

pero también intentando escapar de algo mayor:
su creciente y asfixiante pavor.

Cuanto más se movía,
cuanto más huía,

y mientras más distancia de por medio ponía,
aquel miedo a no escapar de allí jamás
con mayor fiereza le acometía.

Aunque evitaba pensar que por más que viajaba,
la distancia ya no era una barrera real,
y moviéndose nada solucionaba,

sabía que estaba en un terreno diferente.
La lógica de sus pensamientos no tenía sentido,
y su corazón le decía que si la seguía estaba perdido,
en ese mundo de tristeza y penumbra permanente.

Aunque en su mente el tiempo pasaba,
en esta realidad parece que esto no funcionaba.

Pensó: <<A lo mejor tan solo estoy soñando,
y nada de esto está pasando.>>

Recordó Alfredo que en tiempos remotos,
cuando inició su travesía para ser humano
y antes de que casi todos los humanos quedasen calcinados,

escuchó rumores sobre una experiencia onírica,
conocida por su particularidad,
en la que la ensoñación es mucho más realística.

Este estado se puede conseguir con condiciones concretas
pero también escuchó que hay raros casos,
en los que vienen de formas aleatorias.

Estamos hablando del lúcido sueño,
en el que quien lo sufre,
es consciente de todo, y de este es dueño.

Aquel que se encuentra bajo este misterioso efecto,
sabe que en ese momento está soñando,
y puede despertar en el momento electo.

Pero aquello no era ninguna ensoñación,
y por más que lo intentó,
Alfredo no consiguió salir de esa dimensión.

No podía manipular su alrededor,
ni con libertad lo podía traspasar,
solo en linea recta avanzar,
como si se tratase de un larguísimo corredor.

Siguió un gran trecho moviéndose,
mientras intentaba acabar despertándose.

Tras intentarlo infinitas veces,
cruzarse con estrechas montañas a miles,

recorrer un mundo que jamás acababa,
y abandonar la esperanza que le quedaba,

acabó en el infranqueable suelo tumbado:
sus aspiraciones a escapar se habían evaporado.

Aún a rachas seguía en movimiento,
pero era este cada vez más errático,
y también más lento.

Finalmente lo dejó de intentar.
Por las montañas no podía guiarse,
pues ni un solo rasgo las podía diferenciar.

Eran todas bloques de piedra perfectos,
cónicos, altos y rectos.

Y aunque pudiese con ellos guiarse, ¿qué más daría?
Las elevaciones eran lo de menos,
con o sin ellas, la salida jamás encontraría.

Con una inmensa pena y apatía,
maldijo esta tierra de roca desnuda
así como aquel nefasto día,

en el que apareció en este sitio deprimente,
el primer escenario que pudo con su paciencia,
el primero en el que se rindió, casi demente,

sin encontrar una vía de huida
o siquiera un indicio de salida.

La nebulosa blanca que ocupaba el cielo,
parecía contemplarle con una cruel burla,
y el devolvía una mirada de recelo.

Y así, triste y postrado,
se quedó en aquella superfície.
Sintió que su vida había acabado.

Comenzó entonces a divagar
pensando en que haría ahora
en esta prisión de la que no iba a escapar.

Comenzó a rememorar su experiencia:
sus viajes y aventuras
la furia tras la muerte del hombre de ciencia...

recordó por este último suceso
lo cerca que estuvo de ser de carne y hueso.

Pero ahora ello era inalcanzable
y si quiera imaginarlo, impensable.

Sabía que pronto ocurriría
aquello que tanto temía:

la locura llegaría pronto,
su mente se desvanecería
dejándole idiota y tonto
¡en un fantasma se convertiría!

¿O acaso no era ya un ente espectral?
Estaba condenado a vagar por el limbo,
algo peor que cualquier tormento infernal.

Nada tenía ahora sentido,
y solo podía sentirse hundido.

Semanas sentía que habían pasado,
y tener que quedarse allí
aún no había asimilado.

Fue entonces cuando sucedió.
Una magnífica idea para escapar,
a su cabeza abotargada llegó:

<<¡Podría utilizar mi furia explosiva,
para destrozar las montañas, traspasar
las tinieblas, y salir de este gris y blanco mar,
liberarme así de esta zona repulsiva!>>

La emoción y la esperanza
no hicieron tardanza.

Solo tenía que acumular toda su frustración,
todo su poder y energía en uno solo,
y, en forma de enfado, darles liberación.

Era para Alfredo una tarea de poca dificultad,
pues ya se conoce que por sus emociones,
siempre se solía llevar en momentos de adversidad.

Y fue entonces cuando un misterioso vozarrón
interrumpió su proceso destructivo,
y le sacó de toda cavilación:

<<Tiempo suficiente ya ha pasado.
Siento haberte hecho esperar,
pero otra solución no he encontrado.

<<Detén tu alboroto, por favor,
lo último que queremos
es que tu encierro vaya a peor>>.

Se encontraba sumamente alterado.
¿Quién con él se comunicaba,
y cómo le había encontrado?

Y aquello que escuchó, no lo hizo de forma normal.
Parecía como si la voz estuviese dentro de él.
¿Volvía a perseguirle su subconsciente infernal?

Como si sus pensamientos hubiese leído,
contestó presta aquella voz
que temía que le hubiese poseído:

<<Tranquilízate, no soy producto de tu imaginación.
Date la vuelta y me verás frente a ti,
y podremos iniciar una esperada conversación>>.

Confuso al principio,
con la cabeza hundida,
y el cerebro al borde del precipicio,

Alfredo se giró obediente.
Y fue entonces cuando la descubrió,
la criatura que le habló
a través de su subconsciente.






lunes, 5 de diciembre de 2016

Poema Alfrediano: Parte XVIII

(Alfredo ha recorrido una inmensa estepa,
con animales familiares aunque extraños,
y un vasto territorio de hierba. De golpe,
tras una noche de trayecto, amanece en un
lugar nada familiar para el).

En unos breves momentos
el horizonte ya se vislumbraba,
y a los pocos unos minutos
un nuevo escenario contemplaba.

Se encontraba en una explanada enorme y lítica
en la que no se apreciaba ni la forma de vida más raquítica.

Habían también montañas del mismo material
que se alzaban solitarias y dispersas
en aquel destino tan irreal.

Eran simples altiplanos sueltos,
todos altísimos y escarpados
y entre ellos separados;

Tan exagerada era su altitud,
y tan corto el perímetro que tenían
en su mayor plenitud,

que a grises cucuruchos de helado asemejaban,
todos aquellos siniestros picos que le acompañaban.

su cima quedaba totalmente cubierta
por una densa y oscurecida niebla
que tapaba los cielos de aquella tierra muerta.

Era como un desolado mundo de cemento,
con aquel cielo de neblina grisácea y triste
sacado de un fúnebre y macabro cuento.

Asemejaba aquello al purgatorio,
una especie de siniestro limbo
oscuro, triste, intransitorio.

A pesar de estar en aquel escenario
Alfredo solo sentía algo de desconfianza,
de tan acostumbrado que estaba a lo extraordinario.

Bien es cierto que su etéreo cuerpo estaba tenso,
hasta el punto de que no era apenas capaz de moverse.
Finalmente, optó por acercarse a la niebla haciendo un ascenso.

Subió y subió hacia aquella capa espesa,
pero se llevó una ingrata sorpresa.

De repente sintió una poderosísima presión.
Era incapaz de atravesar aquella misteriosa y grisácea niebla,
como si algo le empujase hacia abajo por alguna extraña razón.

Por más que se esforzara
seguía siendo empujado hacia atrás,
y es normal que al poco rato se cansara.

Alfredo se sentía totalmente desconcertado,
¿Qué es lo que le había pasado?

Siempre había sido capaz de atravesar cualquier cosa,
incluso el suelo, debido a su forma gaseosa.

Era capaz de filtrarse hasta en el material más duro,
y sin embargo, una simple neblina
actuaba como un impenetrable y denso muro.

Nunca antes había experimentado esta sensación
y estaba ahora atacado por la confusión.

Descendió hasta aquel suelo pedregoso,
tras aquel ascenso tan poco exitoso.

<<Si no puedo ascender hasta los cielos,
deberé buscar el camino en los suelos>>.

Y así, se abalanzó sobre estos,
pero su decepción solo aumentó
al dar de bruces con ellos.

Tampoco era capaz de atravesarlos.
Una presión similar a la del cielo
le impidió cruzarlos.

Aquí fue cuando realmente Alfredo se asustó.
¿Qué clase de dimensión era aquella?
¿Como es que filtrarse no consiguió?

Reparó mejor en aquella misteriosa superficie.
No presentaba ni una minúscula rendija,
desnivel o siquiera altiplanície,

-Si exceptuamos aquellas monumentales montañas
largas y estrechas que por todas partes pululaban separadas-

Tomó entonces Alfredo una decisión:
Viajaría en línea recta y sin rumbo fijo,
hasta escapar de aquella abominación.

<<La máquina de los chusos era admirable,
pero no logró perfeccionar su propósito,
creando estas zonas de calidad detestable>>.

Y así, continuó su viaje,
intentando ignorar
que se encontraba en aquel paraje.

Estaba seguro de que no era una alucinación,
pues la había tocado y palpado.
El hecho de no poder haberla atravesado,
eso sí, le infundía cierta preocupación.

Mientras se alejaba miraba al horizonte,
también oculto por una neblina entre gris y blanquecina,
el cual iba dejando ver al acercarse algún que otro nuevo monte.

Conforme avanzaba se veían más de aquellas elevaciones,
absurdas y fantasmagóricas que parecían
-aún sabiendo que no lo eran-, pobres visiones.

Parecía aquello una especie de prisión etérea,
desdibujada y sin ninguna barrera corpórea.

Poco después percibió que aquel lugar no solo a él atrapaba.
Desde aquel misterioso amanecer,
no había vuelto a anochecer.
El tiempo parece que allí tampoco avanzaba.

Para asegurarse y mientras seguía el camino recto,
decidió ir contando desde el número uno mentalmente,
para así reafirmarse en que esto era correcto.

Siguió contando y contando
a medida que se iba moviendo.

Cuando alcanzó el número diez mil,
aún no había cambiado la iluminación
en aquel mundo triste y vil.

Siguió hasta duplicar esa cantidad,
pero el escenario seguía igual
en su inmensa totalidad.

Agotó su paciencia antes de triplicar,
y es que no hacía falta seguir,
para este hecho confirmar.

Un sudor frío y metafórico
quebrantaba ahora su espíritu estoico.

Ya eran muchos y muy diferentes
los páramos que había visitado,
y también lo eran aquellas experiencias potentes:

oscuras tinieblas,
frondosas estepas
y tierras abrasadoras,

le habían dado tranquilidad,
pero también un miedo irracional,
o una cierta incomodidad.

pero jamás pensó que lo que más temería,
era aquel enigmático limbo,
que en lo más profundo de su alma se quedaría.

No era el tipo de terror que antes había experimentado,
pues no tenía nada que temer a la muerte.
Era algo distinto lo que su corazón había probado.

Era la angustia, la sensación de ser nada,
en un mundo totalmente desbordante e infinito,
era esa la sensación ahora avistada.

En ningún otro sitio imperaba tal desolación.
Ni en la calcinada tierra en la que antaño sobrevivió,
donde mil lenguas de fuego sometían el mundo a la cremación.

Mientras cavilaba,
su trayecto avanzaba,

aunque algo le decía que tan solo avanzando,
el final de esa pesadilla no acabaría llegando.

Estaba convencido de que hasta ese momento,
ni siquiera había llegado a desplazarse realmente,
en ese mundo frío y muerto de cemento.

(Menudo lío en el que se ha metido Alfredo.
¿Cómo escapará de este misterioso páramo?
¿Qué sorpresas le depara el futuro? Y,
¿Por qué no esperar a la siguiente parte, la
número XIX? Hasta entonces, amigos) 




jueves, 1 de diciembre de 2016

Poema Alfrediano: Parte XVII

(Alfredo ha abandonado temporalmente
a los humanos. No quiere que dependan
de el para que crezcan como una especie fuerte,
y además, así podrá seguir viajando por
aquel amplio mundo).

Poco tardó Alfredo en perderles de vista,
y a los minutos al gran árbol ya no le seguía la pista.

Ahora volaba despreocupado,
sin ningún rumbo determinado,
y de milagro de los humanos no se hubo olvidado.

Flotaba de nuevo en aquel océano estepario,
ese cúmulo de vegetación legendario,

y mientras pasaba el primer día de recorrido,
Alfredo deseaba que el tiempo se hubiera detenido.

A su camino, encontraba de nuevo otros animales:
desde diminutas ratas y roedores, hasta caballos salvajes,

pasando por marmotas silvestres,
tortugas e incluso algunas aves.

Algunas de esas criaturas tenían algún punto inquietante:
una parte de ellos tenían unos ojos rojizos y oscurecidos,
que aunque no inquietaban tanto como los seres de ojos brillantes,
asustaban al pedo, evocándole entes diabólicos y poseídos.

Esta vez, las teorías Alfredo se equivocaban,
pues tan solo eran nuevas variantes
de especies que desde antaño la tierra poblaban.

Otros presentaban colores extraños en tales animales,
viendo desde seres albinos hasta ligeramente verdosos o amarillentos,
pelajes que en ellos no eran nada normales.

<<Nunca había pensado que a tal cataclismo,
hubiese sobrevivido tanta especie y organismo>>
Se decía Alfredo a sí mismo.

Y no era de extrañar que dudara,
resulta raro que entre toda la vorágine de caos,
tal amalgama de especies perdurara.

No duraron mucho sus reflexiones al respecto,
pues su dispersión le impedía fijarse en cualquier aspecto.

Plácidos días volvieron a alternarse con insípidas noches;
y entonces, sucedió algo increíble para nuestro pedo.
Por primera vez se volvió a ver tormentas y aluviones:

encontrábase vagando en un bello atardecer,
cuando el cielo se comenzó a estremecer.

Enormes masas de nubes furibundas,
empezaron a agruparse y a rugir todas juntas.

El sol quedó ocultado por estas,
mientras en nuestro Alfredo,
sensaciones de alerta fueron puestas.

<<¿A caso he vuelto a la región de las sombras?
¡No puede ser! ¡La aniquilé con la fuerza de mil bombas!

<<¿Quien sabe si solo acabé con una pequeña porción,
de ese mundo oscuro y repleto de perdición?>>

Pero la caída de las primeras gotas,
disipó el miedo y las sensaciones adversas.

Habían rayos y truenos, y con gran fuerza llovía,
(algo raro que en una seca estepa nadie esperaría).

Pero Alfredo, que jamás había visitado una,
estaba encantado, sin tener duda alguna.

Tras siglos de caos e inestabilidad,
era reconfortante, y causaba felicidad,
ver esos cielos benignos lloviendo con tanta bondad.

<<Había olvidado por completo la lluvia y la tormenta...
es bello ver como las nubes riegan la tierra sedienta.>>

Y así, disfrutó plenamente de la tempestad,
de como las gotas caían y caían,
y de como traspasaban su cuerpo intangible sin dificultad.

Alfredo sentía en esos momentos una intensa
sensación de alivio, de frescura,
como si esa tromba breve pero inmensa
le transmitiese una esencia vital y pura.

Cada uno de esos diminutos puntos de agua que le atravesaba,
se presentaba como un maravilloso y relajante masaje.
A Alfredo no le hubiera importado que la lluvia de aquel paraje,
durase mil años más, tan a gusto se encontraba.

Pero a las pocas horas, la lluvia se disipó,
y Alfredo su camino sin rumbo continuó.

Se presentaba una noche de luna nueva,
y los cielos eran oscuros como la más negra cueva.

Tampoco habían estrellas en aquella región,
ni ninguna otra iluminación.

Alfredo, no obstante, continuaba avanzando,
ya no por los paisajes, ahora invisibles,
si no por inercia, del tiempo que se llevaba desplazando.

Pronto dejaron pisadas de animales a su alrededor.
Ya no se escuchaba ni siquiera a las diminutas ratas
que siempre huían de el con sumo terror.

La tenebrosa noche pasó tranquila y apacible,
mientras Alfredo se movía cual fantasma.
Ya en el alba llegaron los atisbos de luz visible.

Alfredo miró entonces el suelo sobre el que flotaba.
Era de roca desnuda, y ninguna planta lo habitaba.

Se movió rápidamente unos metros más adelante,
para encontrar suelo del mismo talante.

Comenzó a ponerse de los nervios:
Aquello no se parecía en nada a la estepa,

Definitivamente ya amanecía,
y todo se aclaró más
con la incipiente luz del día.

(Llegar sin saber como a un paraje desconocido...
si, creo que es la tercera vez que le pasa a Alfredo
en lo que va de epopeya. Más vale que se acostumbre.
O tal vez debería idear situaciones más originales...
¿quién sabe? En fin, más y mejor en la parte XVIII).