sábado, 19 de noviembre de 2016

Poema Alfrediano: Parte XVI

(Anteriormente, Alfredo entabla amistad
con los humanos. Tras un pequeño discurso
hacia estos, le juran lealtad eterna)

Y cuando por fin parecía
que con la humanidad se entendía,

nuestro pedo dijo entonces algo que nadie esperaría,
y que a primera vista, una estupidez le parecería.

Alfredo le dijo a aquella diminuta población:
<<Seré sincero, necesitaréis trabajar duro
para salvaros de la total extinción.

<<Ello no significa que vaya a ayudaros en todo,
os las tendréis que arreglar a vuestro modo.

<<Solo me limitaré a defenderos,
cuando vosotros no podáis protegeros.

<<La causa, es que solo ante la adversidad,
el gran ser humano ha demostrado,
su desarrollo, progresos y actividad>>.

Alfredo dijo esto sin ningún rencor,
mala sombra o aire vengador.

Y es que nuestro pedo había llegado a una conclusión,
sobre proteger a los humanos no era la solución.

Ya habían sobrevivido durante milenios,
sin ninguna ayuda o tipo de dios.

No quería ni pensar lo que podía suceder,
si dependían constantemente de él,
lo más seguro, que acabasen por perecer.

Con todo esto en mente,
decidió el bueno de Alfredo
explicárselo a aquella gente:

<<He comenzado yo vuestro camino,
pero deberéis arreglároslas solos,
de la forma que lo hagáis me importa un comino.

<<No lo hago con mala intención,
pero deberéis arreglároslas solos,
si dependéis de mi será vuestra perdición>>.

Aunque ellos sintieron profunda confusión,
decidieron tomárselo con aceptación.

Alfredo en el fondo tenía una doble intención:
no solo quería el bien de esa gente,
además, explorar aquel inmenso nuevo le provocaba tentación.

Aquel nuevo planeta,
al que había llegado
desde una pequeña grieta,

le ofrecía enormes misterios,
dudas y demás delirios,

e iba a disfrutar inmensamente,
recorriendo en su trayecto,
cada nuevo continente...

Por otra parte, sentía un profundo instinto paternal,
otra parte de su gaseoso cuerpo le decía
que abandonarlos a su suerte estaba mal.

Pero entonces, volvió a mirar a los ojos a esas personas,
y le bastó para saber, que sobrevivirían por esas zonas.

Tras unos minutos de meditación,
consiguió encontrar la solución:

<<Como no deseo quedarme,
pero para siempre no quiero largarme,

<<Continuaré mi trayecto temporalmente,
aunque volveré por aquí periodicamente.

<<Seguiré por todo el mundo viajando,
pero cada varios años, por aquí iré pasando.

<<Ahora volveré a partir,
en este nuevo mundo
queda demasiado por descubrir.

<<Si cuando vuelva de mi trayecto,
estáis pasando un momento abyecto,

<<Velaré por vosotros,
aunque tendréis que arreglarlo solos>>.

Con estas palabras, Alfredo se despedía,
aunque jurando que finalmente regresaría.

Aún quedaba el problema de la manutención,
en el cual no podía directamente ayudar,
si no tan solo recomendar,
para asegurar su alimentación.

Por suerte, había visto en un tiempo pasado,
como humanos de zonas remotas,
este problema habían solucionado:

<<Como último consejo,
pronto los frutos del árbol acabarán,
y a no ser que cacéis algún triste conejo,
nuevos alimentos no os llegarán.

<<Recoged ahora mismo la mitad de las últimas provisiones,
extraed de estas todas las semillas que tengan dentro,
y enterradlas por los alrededores de aquí sin más dilaciones.

<<Con el tiempo, nuevo árboles crecerán,
y con más frutos todavía os alimentarán.

<<Además, podad las ramas más grandes,
con vuestras manos las podéis afilar,
y puntiagudas lanzas crear,
para defenderos de esos depredadores acuciantes.

<<Y por último, aprended a crear fuego,
chocando dos piedras duras entre sí,
pero mantenedlo siempre controlado, os lo ruego,

<<pues si crece este demasiado,
arderá esta tierra con vosotros en ella,
y todo vuestro ser acabará abrasado>>.

Ante sus ojos maravillados,
se abría un inmenso horizonte,
y lucía un sol que los dejó deslumbrados.

Tras algunas breves despedidas y dilaciones,
se prestó a abandonar esa zona,
antes de que se arrepintiera y diera pie a más interrupciones.

Despidióse por última ocasión.
Sus aventuras por fin comenzaban,
y partía con gran emoción.

Se acercó a una distancia prudencial, y dijo el anciano:
<<Te debemos muchísimo, monstruo gaseoso.
Solo con tu retórica nos has salvado de un final horroroso,
en el que hubiésemos perecido de hambre en vano.

<<Nos has dado la energía y conocimiento,
para perseguir nuestras esperanzas
de abrirnos camino en este mundo violento.

<<Yo soy el más viejo con diferencia,
y puede que cuando vuelvas yo ya haya muerto.
pero jamás en el resto de mi vida olvidaré la experiencia

<<de haber conocido personalmente,
al que, aún al principio siendo rechazado,
ha vuelto a nosotros sonriente,
y su conocimiento y determinación nos ha prestado.

<<He oído más de una vieja historia ancestral,
mientras vivíamos confinados bajo la ardiente tierra.
Historias sobre nuestra especie y su potencial.

<<Nunca con el corazón había creído,
que un animal como el humano,
tal poder sobre su tierra hubiera poseído.

<<Pero al oírte en tal grado elogiar,
lo mucho que nuestra especie ha creado,
¡esperanzas y fuerzas nuevas me han podido alcanzar!

<<Y por ello, creo en nombre de todos hablar,
cuando digo que tranquilo puedes marchar.

<<En tu ausencia, una nueva era iniciaremos,
y cuando vuelvas de tus viajes,
¡con nuestros avances te sorprenderemos!>>

El final de este discurso plagado de emoción,
fue acompañado, por las dos mujeres y los dos hombres,
de una sonora y viva ovación.

Y así, Alfredo partió por la felicidad cargado,
pues ya era amigo de aquellos que más apreciaba,
consiguió aquello que tanto había buscado.

Ya nada le oprimía,
solo tenía que viajar,
ningún fin ahora seguía.

Otra vez, dejaría ir su espíritu libre y vivaz,
para viajar por aquellos mágicos lugares,
raudo, ligero, libre, en esencia, fugaz.

(Eso si que es ser un sufridor.
Eres por fin aceptado por los humanos,
pero de repente, te puede la neura
exploradora y a patearse medio mundo...
en din, en la parte XVII Alfredo comienza otro
gran viaje. Quien sabe que pasará esta vez...)

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