viernes, 18 de noviembre de 2016

Poema Alfrediano: Parte XV

(Alfredo encuentra a los humanos,
y les convence tras una breve dialéctica
de bajar de ese árbol, prometiendo protección
a estos.)

Descendieron por las ramas,
y ante Alfredo mostraron sus caras.

Se trataba de una familia de media docena,
dos hombres, dos mujeres, un bebé y un anciano,
de tanto estar ahí arriba demacrados como enfermos en cuarentena.

Les contemplo Alfredo fijamente:
<<Se recuperarán... seguramente>>

Le miraban todos ellos con ojos de temor,
e intentó Alfredo infundirles de valor:

<<Humanos, ¡vosotros sois la especie elegida!
Llevo sobre este este planeta desde hace milenios,
muchísimo más de lo que dura una mera vida.

<<He estado rodeado de especies de toda amalgama,
y puedo asegurar, que nunca ninguna alcanzó tal fama.

<<He visto especies sobrenaturales,
tales como ranas parlantes,
o genios gigantescos,
ninguna de ellas tan remarcables.

<<Allí por donde pasaba,
la tierra el hombre dominaba.

<<Este mundo siempre ha sido de vosotros,
habéis conquistado la tierra donde no lo hicieron otros.

<<Habéis erigido cuantiosas civilizaciones,
y os habéis multiplicado por millones.

<<Yo, que hacia el centro de la tierra he viajado,
donde he visto zonas legendarias e inimaginables,
nunca jamás una especie tan admirable he encontrado,
ni en los lugares más inhabitables.

<<Cometisteis errores, eso es cierto,
dejando a ese planeta casi extinguido y yerto,

<<Pero incluso ante la más terrible adversidad,
habíais de ser capaces de crear un poderoso artefacto,
capaz de revocar todo el caos y ruindad.

<<No se si existe algo más allá del cielo nuboso,
aunque si es así debe de sentirse muy orgulloso,
¿quien sabe si no algo envidioso?>>

Alfredo sintió al decir esto una extraña sensación,
parecida a una pequeña conmoción.

No obstante solo duro unos instantes,
así que no le dio importancia alguna,
y finalizó el discurso que había empezado antes:

<<Este es vuestro momento,
ahora podéis reconstruiros desde el principio
ya no hay fuego, ni desaparece hasta el último precipicio.
Ya no existe ese mundo purulento.

<<¡Expandiros por vuestro nuevo hogar,
y sometedlo totalmente sin dudar!

<<¡Vuestro verdadero legado,
ahora os ha llegado!

<<Yo mismo me aseguraré de que sobreviváis,
y los errores pasados de nuevo no cometáis>>.

Acabó así su pequeño discurso,
y en efecto salió como esperaba:
se ganó a los humanos a pulso.

Tras jurarle su máxima lealtad
para toda la perpetuidad.

Alfredo hallábase ahora contento:
comenzaba la nueva historia de la humanidad,
y el había establecido su primer cimiento.

(Guao, que épico queda el discurso de Alfredo...
Me gustaría hablar tan bien a mí, pero siempre me entra
pánico escénico y la barriga me comienza a funcionar mal
en momentos así... en fin, más en la parte XVI, o como
adoro llamar a este número romano, ''equisví'')



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