viernes, 4 de noviembre de 2016

Poema Alfrediano: Parte XII

(Anteriormente, Alfredo decide
emprender una travesía por las
praderas para aclarar ideas.
Paulatinamente todo se torna
oscuro y decaído, incluyendo animales
y vegetación. Justo cuando va a irse, Alfredo
encuentra una misteriosa compuerta,
en la que se mete...)

Una anciana voz le habló ahora,
quebrando el silencio
que flotaba en aquella sala inquisidora
                                     
<<Vaya, por más siglos que pasasen,
¡siempre le reconocería, amigo,
y si no, que la cabeza me cortasen!>>

Por fin Alfredo logró recordar,
y ya no pudo para nada dudar.

¡Se trataba del anciano científico!
¿Habría pasado tanto tiempo ahí,
en esa especie de gran frigorífico?

Sus rasgos habían envejecido;
bastante había encogido,

y con la vista muy forzada,
y cojeando a cada zancada

las arrugas le solapaban toda la cara,
porque, amigos míos, a la vejez nadie la para.

Alfredo le contestó alegremente:
<<Parece que volvemos a vernos
tras el desastre inclemente...

<<¿Como ha sobrevivido tantos años?
¿Ha estado encerrado durante todos estos?>>

El científico se acomodó en una vieja butaca de la habitación.
Iba a comenzar ahora, al respecto de todo esto, una narración:

<<Poco después de que se fuera,
me interesé por su causa,
e investigué sin ninguna pausa,
para que en humano se convirtiera.

<<Cien años después seguía buscando su cura,
pero tuve que parar, intuyendo que ocurriría una locura.

<<Construí yo solo a lo largo de años esta fortaleza,
pues predije que pronto se iría al traste la naturaleza.

<<El cambio climático, llego paulatinamente,
pero yo me sentía aquí dentro seguro, relativamente.

<<Gracias al suero de la inmortalidad,
me he mantenido aquí toda una eternidad.

<<Milenios aquí dentro, pasé investigando,
aunque en algunos períodos he acabado desistiendo>>

<<Un temblor sucedió de repente,
seguido de un terremoto muy potente

<<Se escuchó una enorme explosión
de la que aún no tengo localización.>>

Alfredo recordó activar aquel estallido,
pero calló, pues no quisiera
al científico haber interrumpido.

<<Todas las paredes retumbaron,
más de milagro no se derrumbaron.>>

<<Desde ese momento,
nada ha pasado,
o al menos no se ha notado
dentro de estas paredes de cemento...>>

Dijo Alfredo: <<Perdón por ser tan impaciente,
pero ¿ha notado la presencia de la oscuridad incipiente?>>

Pensó Alfredo que este era el mejor momento
para explicarle todo este tormento.

Le contó absolutamente todo lo acontecido,
como aquella explosión había sucedido;

Relató el encuentro con el chuso,
el tunel, la máquina y su gran uso.

Habló también de humanos y vegetación,
como se oscurecía, y junto a la fauna,
alcanzaba la miseria y degeneración,
sin atisbo de esperanza alguna.

El científico escuchó con paciencia
su traumática experiencia.

Cuando Alfredo acabó,
el otro respondió:

<<¡Diantres! Ha pasado por el mismísmo infierno,
y su sufrimiento ha sido casi eterno,

<<no tengo ni idea de por qué ha terminado,
este macabro lugar tan ennegrecido.

<<¿Tal vez la máquina no era tan precisa,
y no restauró el mundo de forma concisa?

<<Recordemos que hay factores,
ante los que los científicos aún somos inferiores...>>

Hubo un intenso silencio durante un buen rato,
hasta que el científico, tuvo un recuerdo muy grato:

<<Aún así, tengo preparada una sorpresa,
para ese mal que tanto le pesa.>>

A Alfredo se le iluminaron los ojos:
<<¿¡Tiene una cura para deshacer entes metanosos!?>>

<<Bueno, se trata de un remedio poco convencional,
y su descubrimiento ha sido algo casi paranormal.

Te lo reservaba porque sabía que volverías,
y me ha costado encontrarlo algo más que unos días.

Alfredo no cabía en sí de gozo,
una enorme sonrisa hizo su esbozo:

<<¡Por fin, ahora ya seré humano!
¡Dejaré esta forma de producto del ano!>>

<<Tranquilo, chico, antes que nada,
dejaré la compuerta bien cerrada.

<<Cuando baje, hago ya un prototipo,
te lo aplicas, y de un humano tendrás el tipo>>

Entonces, subió el científico a cerrar la compuerta,
mientras Alfredo no podía creer que esta situación fuese cierta.

Más el destino, ente traidor y rastrero,
actuó como un auténtico cuatrero,

y mientras por la escalera de la compuerta subía,
la evidente desgracia ya se presentía.

Finalmente, cuando las manos en la entrada puso,
uno de los viejos escalones, ahora oxidado y contuso,
cedió por su excesivo e indebido uso.

Y así, cayó zulo abajo,
golpeándose la cabeza a destajo.

Y la aterrorizada mirada de Alfredo,
la fatal caída percibió con  miedo.

Se acercó flotando hasta el anciano,
aunque lo evidente yacía diáfano:

el viejísimo científico había muerto,
y su cadáver yacía en el suelo yerto.

Tardó Alfredoen asimilar la situación,
y a medida que pasaba el tiempo,
aumentaba su frustración.

La furia cada vez le cegaba más,
y ahora ya no había marcha atrás:

Alfredo se encontraba iracundo,
y empezó a acumular odio,
y sensaciones de lo más inmundo.

Comenzó un fenomeno excepcional:
y es que su enfado era tal,

que se tornó totalmente rojizo,
y su semblante se deshizo.

Se encontraba totalmente desquiciado;
la incipiente ira le había cegado.

(Menudo mosqueo que ha pillado nuestro Alfredo.
¿Qué pasará ahora? ¿Qué clase de consecuencias
puede tener enfurecer a un pedo? Más suspense
hasta la parte XIII. Ya por el número creo que da
ideas de la mala suerte que tendrá quien se tope
con este iracundo ente de metano. En fin, ¡chau!).

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