sábado, 29 de octubre de 2016

Poema Alfrediano: Parte X

(Alfredo inicia una expedicion por la
inmensa pradera en busca de humanos.
Tras semanas de exploración se rinde,
y vuelve al punto de partida. Al tumbarse
bajo el único gran árbol de allí, encuentra
a los humanos)

Se trataba de una media docena de personas,
y probablemente llevaban ahí subidos semanas,
perdidos entre aquellas llanas zonas.

Quiso Alfredo acercarse,
aún temiéndose lo evidente,
que iban a asustarse.

<<¡Atrás, sucia monstruosidad!>>
Dijo quien parecía líder de esta comunidad.

A lo que nuestro Alfredo responde:
 <<¡Esa definición no me corresponde!

<<Yo no soy ninguna abominación,
amén de mi física afección...

<<Llevaba meses buscando,
y al final en este viejo árbol
os he acabado encontrando...>>

Dijo otro: <<Si hacemos caso, en el momento de bajar,
¡con nuestros cuerpos se va a alimentar!>>

A Alfredo, tras tantas aventuras,
esto no le iba a desanimar;
su emoción decidió calmar,
o no conseguiría nada a estas alturas.

Preguntó: <<¿Como habéis llegado a esta posición?
¿Recordáis haber escuchado una gran explosión?

<<No perdéis nada por contestarme,
de vuestro testimonio no puedo beneficiarme>>

En la copa de ese inmenso vestigio de vegetación,
se escuchaban murmullos sin interrupción.

Finalmente, se escuchó de nuevo la misma voz de antes,
cuya voz imponía aunque fuera por unos instantes:

<<Antaño, el mundo era fuego y muerte,
y nos escondimos bajo tierra para protegernos.
íbamos muriendo lentamente, pero finalmente tuvimos suerte...

<<Los dioses tuvieron con nosotros clemencia,
y tras siglos de agonía,
nos libraron de la decadencia...

<<Recuerdo una violenta sacudida,
fuego, lava y tierra en estampida.

<<A mis brazos muchos de los nuestros murieron,
y solo unos pocos sobrevivieron.

<<En el agujero en el que estábamos hacinados,
se mostró un rayo de luz que nos dejó cegados.

<<Más cuando nos asomamos al exterior,
¡Menuda la sorpresa posterior!

<<A nuestro lado flores, plantas,
y muchas variadas yerbas.

<<Nos dejamos llevar por la felicidad y alegría,
¡fue tal y como indicaba nuestra profecía!

<<Pero al poco tiempo descubrimos,
que este sitio es peor que de donde huimos...

<<Llegaron bestias de ojos amarillentos,
y como pudimos comprobar,
con estómagos hambrientos.

<<Sin piedad nos diezmaron,
los cadáveres de los nuestros devoraron.

<<Al final sobre esta enorme secuoya,
nos refugiamos los pocos que quedamos,
al menos este lugar cualquier inclemencia apoya...>>

(Se escuchó un sollozo sincero,
recordando a los caídos,
en este mundo perecedero)

<<¡Y no nos dejaremos morir!
¡Al menos no sin resistir!>>

Se encontraban en una situación desesperada.
Los frutos de un solo árbol no debían ser muy numerosos,
y cuando se acabasen la humanidad podía darse por acabada,

¿pues quién sabía si allí se encontraban
los últimos humanos
que en aquel nuevo mundo quedaban?

Debía luchar por que le escuchasen,
y que de algún modo se salvasen.

Alfredo tan bonachón que era dijo con todo candor:
<<Pues sea como sea... ¡Me ganaré vuestra amistad,
a pesar de mi nauseabundo hedor!>>


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