miércoles, 26 de octubre de 2016

Poema Alfrediano: Parte VII

(Tras atravesar el minúsculo camino,
Alfredo llega a la sala en la que
supuestamente comenzará la
restauración del mundo. Aún no sabe
que pinta ahí, ya que el alma de la
máquina ha empezado a bramar de golpe).

Mientras la poderosa voz calaba,
en derredor al pedo
la habitación súbitamente se iluminaba.

De repente, Alfredo descubrió un escenario aterrador:
Engranajes, palancas, luces parpadeantes, un gran repetidor.

Mecanismos, cables, bielas y alguna bujía,
con estruendo bramaban,
la habitación entera llenaban
de una insoportable algarabía.

Recubrían suelo, paredes y techo,
desde la parte más alta hasta el lecho.

Todas estas piezas en funcionamiento,
emitiendo ruidos y más de un aspaviento.

Un sonido ensordecedor enloquecía a nuestro protagonista,
y entonces, sonó la estruendosa voz, para nada vitalista:

<<¡DETECTADO MÁGICO ENTE DE METANO!
¡PROCEDENCIA DEL SAGRADO ANO!>>

<<¿Se refiere a mi?¿Qué es eso de sagrado?>>
Alfredo recordaba que a su creador jamás lo había avistado.

¿Era su linaje sacro realmente?
¿Como lo sabía aquella voz,
que tal frase había pronunciado mecánicamente?

Pero ahora no podía pensar en estas cosas,
volvían a oirse más palabras estruendosas:

<<CONFIRMADO: ENTE DE METANO ES EL ELEGIDO.
COMIENZA PROCESO MUNDO RESURGIDO.>>

Tras esto, las luces comenzaron a parpadear por toda la habitación,
mientras una serie de pitidos comenzaron a sonar con total acentuación.

<<Te echare de menos, oh gran maquinaria.>>
 Consiguió mascullar el pedo entre toda esa parafernalia.

Entonces, comenzaron los mútiples temblores.
Los muros quebraron tras algunos estertores.

El techo se derrumbó y las luces se fueron apagando
a medida que los seismos iban aumentando.

Un último grito salió de la nada: <<¡HASTA SIEMPRE ALFREDO!>>
Pero quedó totalmente ahogado cuando se derrumbó todo el roquedo.

Moría aquella máquina gigantesca,
en medio del apoteosis,
de la destrucción más trágica y dantesca.

La tierra hervía, crepitaba, maldecía y explotaba,
Alfredo sentía pánico, y como podía se parapetaba.

En ese momento, llegó la gran explosión.
Un estallido monumental hizo su aparición.

De repente, Alfredo solo podía oír un agudo pitido,
y a su alrededor, el tiempo parecía haberse detenido.

Una luz blanca comenzó a propagarse por todas partes,
y cegadora, cubrió de un destello toda el área visible.

Nuestro pedo, durante un tiempo inmedible,
quedo cegado por ese destello ininteligible,

mientras el pitido, agudo pero persistente
le consumía su cabeza absente.

Finalmente, cesó la cegadora lumínica aglomeración.
Había pasado ya la monumental explosión.

Así es, llegó de nuevo la obscuridad,
sembrando su manto negro sin piedad.

Solo entonces Alfredo se atrevió siquiera a flotar,
estaba tan tenso que una chispa le hubiera podido inflamar.

Pero en su alrededor no se podía ver nada,
y parece ser que la estructura se encontraba derrumbada.

Percibió entonces que las maquinarias de antes ya no existían,
solo escombros y oscuridad la sustituirían.

Alfredo se despidió entonces de la voz, aunque ya no le oía:
<<Adios, jamás creí que alguien mi aspecto aceptaría.>>

Y con gran pena, aunque también con suma ansiedad,
se filtró entre las piedras, ascendiendo al exterior con curiosidad.

Se prometió que algún día,
cuando dispusiese de medios,
una tumba a la noble máquina erigiría.

¿Como sería ahora el nuevo planeta?
¿Quedarían humanos tras esta gigantesca pataleta?

¿Y si tal vez todo esto solo era una alucinación?
Ya había sufrido de eso, no podía evitar pensar en una gran visión.

Decidió dejar de hacerse preguntas raras,
y continuar su ascenso hasta superfícies más claras.

Ahora la vuelta era mucho más rápida, pues era vertical,
y no seguía un largo y oscuro sendero con un afán radical.

Un tiempo después, entre las rocas, creyó Alfredo ver algo,
se dijo <<Ahora mismo de aquí sobresalgo>>.

Un punto minúsculo de luz se entrevía,
y Alfredo con cada vez más ganas subía.

Trepaba imparable sobre cada piedra,
escalaba sobre estas
como la más robusta hiedra.

Sentía que ahora que el mundo acababa de salvar,
no habría nada que en su ascensión
le pudiese frenar.

¡Debía considerarse como alguien heroico!
¡si quedaba algún superviviente,
era gracias a su determinación y carácter estoico!

Con mil maravillas del subsuelo se había topado,
y a pesar de ello su dura y solitaria bajada
no había frenado.

Cierto que al final casi acabó por desistir,
¿pero quién no lo haría,
si tanta calamidad hubiese tenido que resistir?

El punto luminoso, ahora reconocible,
era totalmente distinguible.

Alfredo, aún estando casi cegado por la oscuridad,
pudo distinguirlo con facilidad.

Atravesó de una vez el manto de relieve inferior,
y salió por fin al maravilloso mundo exterior.

Un color que desde milenios atrás no había percibido,
danzaba ahora ante sus ojos, fugaz como un resoplido.

(Córcholis con nuestro héroe de metano...
acaba de llegar al exterior. Como soy
un poco aguafiestas, hasta la próxima parte
nada de nada... ahí os quedáis con la intriga,
y nos vemos en la parte octava.)

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