viernes, 28 de octubre de 2016

Poema Alfediano: Parte IX

(Anteriormente, Alfredo reposa
durante meses tras el estrés
pasado durante milenios. Al despertarse,
goza de vivir en un nuevo mundo,
aunque de repente se percata de que
no ha visto todavía ningún animal.
Ahora partirá en su búsqueda,
seguro de su existencia).

Comenzó Alfredo a vagar por las elevaciones
de verde tierra y abundantes flores.

Mientras buscaba, entre las yerbas vió algún insecto:
<<Al menos sé que quedan animales en este mundo infecto>>.

Así llamaba a este nuevo paraíso,
pues el dejar al mundo sin humanos
jamás de los jamases quiso.

Habría mil veces preferido,
el hecho de haberse suicidado,
antes de al hombre haber extinguido.

Más a cada hora que se sucedía,
su esperanza se desvanecía.

Hasta bien entrada la noche,
siguió explorando a trote y moche.

A sus alrededores encontraba especies de toda rama:
conejos, comadrejas e incluso algún perezoso lirón,
que se desplazaba taciturno por una rama.

La naturaleza en breve tiempo por el mundo ya se replicaba,
y Alfredo, aunque concentrado en buscar, se preguntaba:

<<Es increíble... ¿Que clase de magia puede hacer,
que en menos de una semana, los animales vuelvan a aparecer?>>

Alfredo no determinaría hasta mucho más tarde,
el mucho tiempo que había pasado durmiendo,
esbozando una sonrisa entre el alivio y el alarde
soñando con peripecias que había estado viviendo.

Estos pensamientos no apaciguaron su frustración,
aunque también impulsaron mucho su motivación.

La furia comenzó a consumirle como jamás le había pasado:
sufría arrebatos, rabietas y pasaba tiempo encolerizado,
cuando creía en vano que un humano había encontrado.

Más de una vez la violencia de sus gases hubiera empleado,
pero Alfredo era un ente muy civilizado,
y demasiadas muertes por su cabeza le habían atormentado.

Creía ver movimiento en las hierbas más altas,
y se encontraba un animal similar a un gamo,
ocupado en apartar de su presa las moscas molestas.

Comenzó también a encontrar alguna nueva especie animal,
evolucionada en los tiempos de catástrofe natural.

Aunque estas bestias eran fascinantes,
(y ya hablaremos de ellas más en el futuro)
a Alfredo parecíanle ahora irrelevantes,
y seguía centrado en su tarea con un esfuerzo muy puro.

Tras semanas y semanas
de búsquedas desesperadas,

Alfredo estaba totalmente destrozado.
Volvió, amen de la gran impotencia,
al lugar en el que había aparecido,
ahora que ya había perdido la paciencia.

Finalmente distinguió el árbol gigante,
único que había visto en esta infinita explanada
compuesta de hierba exuberante.

Quiso tumbarse bajo este a reposar,
y debido a su bajísima moral,
también durante horas a llorar.

Escuchó una vez bajo el tronco,
un ruido fuerte y brusco.

El mismo que hace una ramificación,
cuando es aplastada por un pisotón.

Alfredo tardó un rato bastante largo
en mirar hacia la parte superior,
y su corazón le latía con vigor,
más ya no tenía ningún pensamiento amargo.

Consiguió mirar hacia arriba al final,
y cuando lo hizo, se le dibujó en la cara,
una sonrisa francamente paternal.

Su búsqueda por fin había finalizado:
A los humanos había encontrado,
en un lugar que había obviado.

(Como podéis ver, al menos en este capítulo
no os dejo con tanta intriga, y ya sabemos que
le ha pasado a Alfredo. ¿O tal vez esto da pie a más
intriga? ¿Los humanos ya saben de Alfredo y se
habían ocultado a propósito? Milagro aún así, ya que
Alfredo no se esperaba para nada esto... Jo, me estoy
volviendo igual de poético en estas partes de desenlace.
En la parte X, gran número, veremos como maneja la
situación. Como dicen en Italia... err... ¿Sayonara?)


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