sábado, 25 de abril de 2015

Poema Alfrediano: Parte I

¿Cómo?¿Nunca has oído hablar de Don Alfredo?
¿También conocido como el ''gran pedo''?
Entonces, prepárate para oír una historia,
que va desde aquí hasta Soria. 

Era Alfredo un ser totalmente normal,
excepto por tener un aspecto algo inusual.
Tenía el defecto de ser un cuesco gigante, 
que se me escapó al pasarme comiendo guisante.

Don Alfredo quería vivir una vida corriente,
pero para su más profunda decepción,
su aspecto solo servía para ahuyentar a la gente
¿Quién quiere acercarse a semejante aparición?

Algunos se le acercaron, fueron más valientes.
¡Pobres! Murieron gaseados como liendres.

Así pasaba los días, viviendo como un ser triste,
pues absolutamente nadie le apreciaba.
Se preguntaba <<Dios, ¿Para qué me tuviste?>>
A su pesar, ninguna respuesta se notaba.

Pero un día, se vino una ocurrencia:
<<¡Copón! ¡Voy a buscar un sistema, 
para librarme de esta apariencia!>>

Ya tenía una excelente idea hecha,
pero ningún método de su propia cosecha.

<<Pero, ¿Que hago ahora con mi vida?
Mucho, arranque, y mucha energía,
pero esta propuesta no tiene salida.>>

Estaba absolutamente encasillado,
en este aspecto no había pensado,
semanas enteras estuvo ensimismado.
Su cerebro estaba mermado.

Por suerte, estaba en racha creativa,
y en estas le vino otra inventiva.

Decidió refugiarse en un lugar lejano,
que así seguro que no pensaría en vano.

Así es como se fue de retiro espiritual,
con el lema ''Cuanto más lejos, mejor''.
Siguió está regla como el más estricto ritual.

Tuvo que pasar por muchísimos lugares;
tristemente, seguía atemorizando a todas las multitudes.
Esto le obligó a viajar  a mayores velocidades.

Finalmente llegó al lugar deseado.
Era un simple valle, pero para Don Alfredo
una tierra para él jamás soñada,
el sitio en el que perdería su aspecto de pedo.

Y otra vez el destino le calzó una soberana bofetada:
<<Leñe, tanto viaje y sigo con la mente empantanada>>

Pasó allí cantidades de tiempo ingentes,
no le hacía compañía ni los indigentes.

Finalmente optó por rendirse,
aceptar su apariencia e irse.

En el preciso instante que se iba, 
le detuvo en seco una voz altiva:

<<Espera, cuesco gigante,
yo tengo para ti una solución gratificante.>>

Cuando nuestro héroe se volvió
tan solo apreció a un gran sapo, altivo.
El crecido anfibio le repitió:
<<Puedo ayudarte a convertirte en un verdadero ser vivo.>>

A lo que nuestro estimado Alfredo replicaría:
<<¿Es en serio? ¿No me mientes, curioso sapo?
Si lo hicieras, ¡Todo el oro del mundo te daría!
Por desgracia, mis riquezas tienen el valor de un guiñapo.>>

La misteriosa criatura dijo lo siguiente:
<<No quiero riquezas, pero te diré una cosa.
Antes tenía poderes, de aquí a Oriente,
era un mago con una sabiduría cuantiosa.

<<Pero, de repente sin avisar,
me encontré con un apestoso genio,
que me dejó KO, sin parpadear.

<<Consiguió arrancarme todos los poderes
y por eso le deseo todos los males.

<<Y por si te pareciera poco,
encima me convirtió en sapo.
¡Le partía la cabeza como si fuera un coco!>>

Alfredo respondió a todo esto:
<<¿Y por qué me cuentas tal problema?>>
Dijo la rana: <<¡Ahora te contesto!

<<El genio vive en una profunda mina
debajo de una enorme colina.

<<Si le encuentras y lo ahogas con tus gases,
te convertiré en una persona normal,
puesto que recuperaré mis poderes
y serás feliz hasta el final.

<<La colina queda hacia el oeste,
pero muy lejos, tardarás en llegar un trimestre.>>

Alfredo, muy contento encontrar una solución,
se fue a buscar a ese genio y a darle una lección.

(Y aquí acaba la primera parte, pronto
podréis leer la segunda entrega de nuestra
épica epopeya).






















































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